

REPORTAJE
La final universitaria de 1979 entre Michigan State (Magic Johnson), e Indiana State (Larry Bird), permanece como la más vista de la historia
La final universitaria de Magic Johnson y Bird.
06:57CEST
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En septiembre de 1985 varias limusinas atraviesan los caminos de French Lick (Indiana), casi unos ovnis en ese pueblo perdido en el mapa, mientras un tipo rubio observa con desgana la maniobra de esos vehículos que van hacia su casa. Cuando el muchacho rubio llega al hogar familiar se encuentra con que su madre, Georgia, está repartiendo pollo frito a un tipo alto sonriente al que trata como si fuera de la familia. En esa estancia coinciden Larry Bird (West Baden Springs, Indiana, 1956) y Magic Johnson (Lansing, Michigan, 1959). De esa cocina salieron casi amigos con motivo de rodar un anuncio de Converse. Antes no todo fue tan cordial.
Mucho antes, en los años 70, sin que ellos lo supieran, estaba germinando una de las mayores rivalidades de la historia del deporte, suficiente para que protagonizaran el partido más visto en la historia del baloncesto universitario. Es un récord imposible para Aday Mara y los participantes de sábado a lunes en la Final Four.

Larry Bird coge de la mano a Magic Johnson en un lance de la final universitaria de 1979GETTY IMAGES
No podían ser más diferentes. Uno tenía alergía a las multitudes y a las sílabas ante la Prensa. Además, era blanco. El otro, propenso a exponer todo lo que se le ocurría, era negro. Uno tenía pinta de ranchero y paleto y lo era, le gustaba verse así. El otro aparentaba ser un embajador del show y lo era. Ya estaban todos los ingredientes en la coctelera.
El primero respondía como Larry Joe Bird, de 2,06, y no parecía ser una estrella del baloncesto, pero lo era a su pesar. Podía hacer de todo, aunque lo que más le distinguía era la adiccion a la victoria. Sin ruido, era el emperador de la universidad de Indiana State, la pequeña, la alejada de la fama de Indiana en la que el legendario Bobby Knight imponía su disciplina militar.

Portadas que Sports Illustrated dedicó a Larry Bird y Magic Johnson.
En el carnet del segundo figuraba el nombre de **Earvin Johnson, también de 2,06, aunque el planeta le distinguía con el apodo de *Magic,***porque con esa estatura jugaba de base y de lo que quisiera. Era el póster de un marciano con sonrisa. Una estrella de Hollywood al mando de Michigan State.
Aunque habían coincidido en 1978 en un combinado americano que debía jugar contra la Unión Soviética, lo que se esperaba era un partido de uno contra otro. Todo explotó el 26 de marzo de 1979. En el Special Events Center de Salt Lake City (Utah) las universidades de Bird y Magic disputaban la final de la NCAA, el primer enfrentamiento entre dos personalidades que marcarían su deporte.
15.410 personas acudían a lo que fue más que una fecha de una final en un calendario. Al Mc Guire, uno de los gurús de la canasta, aseguró que ese día se disputó "el partido que cambió el baloncesto".

Entrada para la final universitaria de 1979.
Los horizontes para ambos eran esplendorosos. Sports Illustrated, la biblia del deporte, había dedicado ya portadas a cada jugador. La de Bird era impactante al estar acompañado por dos animadoras. La de Magic, claro, con su sonrisa enfrascada en un chaqué. Aparte de portadas de color la distancia se mantenía: "No quería conocer a Magic, sabía que me iba a caer bien y eso sería malo para mi motivación", declararía en el futuro Larry Bird.
Tras las semifinales, en las horas previas a la contienda final, la tensión recorría las habitaciones y la cancha. En la sesión de tiro para ambos equipos Indiana State quiso recortar los minutos de su rival. Fue una jugarreta psicológica que se unía a una decisión inaudita, la de presentarse vestidos con vaqueros, botas y sombreros de cowboy. Los jugadores de Michigan State alucinaban.
No quería conocer a Magic Johnson, sabía que me iba a caer bien y eso sería malo para mi motivación
Larry Bird
Más allá de tretas, para Magic el problema era que "nunca habíamos visto a un jugador como Larry Bird. ¿Qué vamos a hacer para contenerle? Nunca antes había sentido miedo de otro jugador. Podía anotar desde cualquier parte". El entrenador de Michigan State, Jud Heathcote, dio con la fórmula: "Defender y rezar con sus tiros". Bird no era optimista: "Si no meto 40 puntos no tenemos ninguna posibilidad de ganar".
Deportivamente, el partido no fue para un ataque de nervios. La numerología tenía guardado un guiño: ambos lucían el número 33. Michigan State se impuso por 75-64 a Indiana. Magic Johnson sumó 24 puntos (8 de 15 en tiros de campo y 8 de 10 en tiros libres), 7 rebotes y 5 asistencias. Con la otra camiseta, Bird se quedó en 19 puntos (con 7 de 21 en tiros y 5 de 8 en los libres), 13 rebotes y 2 asistencias. Como es lógico, el trofeo de MVP recayó en el chico de los pases imposibles.
Bird, hundido por sus inoportunas malas prestaciones, terminó en el banquillo cubierto por una toalla con la que disimulaba sus lágrimas mientras su rival lanzaba su sonrisa hacia las tribunas.
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El brutal impacto se notó en todas las tuberías del baloncesto. Mientras la NBA necesitaba oxígeno, con una final que interesaba tan poco que se televisaba en diferido, el partido universitario reventó los sofás. 35,1 millones de espectadores reunió el espectáculo televisado por la NBC. Una cifra récord que nunca ha sido superada en la competición de fenómenos universitarios. Sólo el sexto partido de la final del 98 de la NBA (Bulls-Utah Jazz) superó por poco esa cantidad.
Tras esa final, la competición universitaria pasó de 40 a 48 equipos, un anticipo de la posterior reforma a 64 universidades participantes. Además, los derechos de televisión también se propulsaron. Al año siguiente se pagó casi el doble por los partidos de esas promesas. En unos meses iban a aparecer en las pantallas fenómenos como Michael Jordan, Pat Ewing o Hakeem Olajuwon.
Nunca antes había tenido miedo de otro jugador, Larry Bird podía anotar desde cualquier parte
Magic Johnson
Era un logro colateral para aquellos muchachos que en esa pista disponían de billetes diferentes hacia la eternidad. Uno a Boston y otro a California. Había separación personal tan grande como la muralla china y respeto. Para Magic, "éramos dos chicos únicos, con capacidad para manejar el balón, anotar dentro y fuera y pasar. No nos importaba meter puntos, nos importaba ganar". Bird veía en Magic "a alguien que por fin pensaba y jugaba como yo pensaba que debía jugarse".
La noche de Utah fue más que un partido. Para Bird "nunca se supera eso. Es imposible cuando te rompen el corazón. Tenía que haber jugado el mejor partido de mi vida y no lo hice. Fallé a todos". Bird admitió que nunca había visto repetido el encuentro. "Sé cómo terminó", expuso. "Yo lo he visto lo suficiente por él y por mí", declaró Magic.
La actuación de Aday Mara en la victoria de Michigan ante Alabama.
Desde aquella finalísima universitaria, Magic y Bird comenzaron una labor de espionaje silenciosa a distancia. Ambos repasaban las estadísticas del rival para intentar pulverizarlas. Miraban el calendario y sólo coloreaban en la mente cuándo se verían. "La Liga era 80 partidos y dos", decía Magic en referencia a los duelos contra los Boston Celtics.
En aquella época de glorioso contraste Bird y Magic se vieron las camisetas en tres finales de la NBA. El rubio conquistó la primera y el base total las otras dos. Larry fue campeón en tres ocasiones; Magic, en cinco.
De aquel encuentro patrocinado por Converse nació una amistad irrompible. Magic ordenó que Bird fuese la primera persona fuera de su entorno a la que se comunicara que había contraído el virus del SIDA. Ninguno faltó a la retirada profesional del otro. La unión comenzó en aquella cocina con olor a pollo frito.
Dos mitos que dejaron un legado inoxidable. El mismo que permanecerá intacto tras esta Final Four.
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