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Tadej Pogacar ha alcanzado su décimo tercer Monumento al ganar su cuarta Lieja, acercándose a la marca de Eddy Merckx. El ciclista esloveno busca conquistar más títulos antes de que Seixas lo supere.
Tadej eleva a 13 su cuenta de Monumentos tras conquistar su cuarta Lieja y ya solo tiene por delante el reto de Roubaix y la sombra de Merckx
Lieja, a sus pies: Tadej Pogacar doblega a Seixas en el duelo generacionalX
06:29CEST
Tadej Pogacar ha ganado un total de 13 Monumentos.
Pogacar menciona que quiere ganar todo lo posible antes de que Seixas lo supere en títulos.
El próximo reto de Pogacar es la carrera de Roubaix.
Pogacar se acerca a la marca de Eddy Merckx, quien es considerado uno de los mejores ciclistas de la historia.

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Tadej Pogacar ya no corre contra sus rivales. Corre contra la historia. La Lieja-Bastoña-Lieja de este domingo volvió a confirmar que el esloveno se ha instalado en un territorio reservado a unos pocos elegidos, ese Olimpo donde las clásicas dejan de ser carreras para convertirse en biografía. En la Decana, el monumento más antiguo del calendario, Pogacar mantuvo la corona otro año más, firmó su cuarta victoria en Lieja y elevó a 13 su cuenta total de Monumentos. Otro golpe sobre la mesa.

Así está la carrera por los monumentos.MARCA NIT.
Otro capítulo de una colección que empieza a discutir con los mitos.La victoria tuvo, además, una fotografía de cambio de época. Paul Seixas, 19 años, sangre francesa y descaro de elegido, fue el único capaz de seguir el ataque de Pogacar en La Redoute. No lo consiguió Remco Evenepoel, agitador primero y tercero después. No lo consiguió nadie más. Lo hizo un adolescente que sostuvo durante varios kilómetros la mirada del campeón del mundo, del dominador de esta generación, del ciclista que acostumbra a convertir sus ataques en sentencias. Seixas cedió finalmente en la Roche-aux-Faucons, la Roca de los Halcones, donde Pogacar terminó de abrir la carrera como quien descorre una cortina. Pero su segundo puesto no fue una derrota cualquiera. Fue una presentación en sociedad.
“En La Redoute fui a tope, pero pude ver que Seixas estaba cerca de mí en la cima. Estoy realmente impresionado”, reconoció Pogacar después de ganar. El esloveno, que pocas veces concede espacio al asombro, lo hizo esta vez con naturalidad. “Ver a Paul entrar en un pelotón tan fuerte y a un nivel tan alto con tan solo 19 años motiva a todos a seguir mejorando. Quiero ganar todo lo posible hasta que nos destroce a todos”, añadió con una mezcla de admiración y aviso. El presente sigue siendo suyo. El futuro, quizá, acaba de llamar a la puerta.Pero la gran lectura de Lieja va más allá del duelo con Seixas. Pogacar está levantando una carrera paralela dentro del ciclismo moderno: la carrera por los Monumentos.
Con su cuarto triunfo en la Decana, alcanza los 13 grandes triunfos en las cinco clásicas mayores: Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja y Giro de Lombardía. Ya ha ganado cuatro de las cinco. Tiene en su palmarés San Remo, Flandes, Lieja y Lombardía. Solo le falta Roubaix, la piedra que aún no ha podido guardar en la vitrina.Ahí está la frontera. Ahí está el desafío que separa al campeón de la eternidad completa. Solo tres corredores han ganado los cinco Monumentos: Eddy Merckx, Roger De Vlaeminck y Rik Van Looy. Pogacar ya pertenece al reducido grupo de quienes pueden mirar esa lista sin sentirse intrusos. De hecho, avanza hacia ella con una velocidad que asusta. En 2026 ya ha ganado tres Monumentos: Milán-San Remo, Tour de Flandes y Lieja-Bastoña-Lieja. En París-Roubaix fue segundo, superado únicamente por Wout van Aert. Esa tarde, entre polvo, adoquines y martirio, no ganó, pero dejó claro que la maldición del Infierno del Norte ya no es una cuestión de incapacidad, sino de tiempo, oportunidad y supervivencia.
El mapa de su colección impresiona. Pogacar suma una San Remo, tres Flandes, cuatro Liejas y cinco Lombardías. Son 13 Monumentos en total. Por delante, en la tabla histórica, solo aparece ya Eddy Merckx, con 19. El Caníbal continúa lejos, pero cada primavera reduce la distancia. Y lo que hasta hace poco parecía una comparación literaria empieza a convertirse en una cuenta aritmética. Merckx sigue siendo el techo, el nombre que pesa sobre cualquier debate. Pero Pogacar ha entrado en esa conversación sin pedir permiso.La cifra también le permite adelantar o dejar atrás a leyendas que parecían inalcanzables. Roger De Vlaeminck, señor de Roubaix, se quedó en 11 Monumentos. Constante Girardengo, Fausto Coppi y Sean Kelly sumaron nueve. Rik Van Looy, ocho, aunque con el prestigio único de haber ganado los cinco. Mathieu van der Poel también aparece en esa zona noble con ocho: dos San Remo, tres Flandes y tres Roubaix. El neerlandés tiene lo que Pogacar persigue —Roubaix—, pero le faltan Lieja y Lombardía. Pogacar, en cambio, domina las Ardenas, se ha apropiado de Lombardía y ya ha conquistado Flandes y San Remo. Dos caminos distintos hacia la grandeza.La comparación con Van der Poel es inevitable porque ambos han convertido los Monumentos en su territorio natural.
El neerlandés es el rey de la piedra, el hombre de Roubaix, Flandes y San Remo, un corredor hecho para la violencia estética del pavé. Pogacar es otra cosa: un ciclista total. Gana en la primavera italiana, en los muros flamencos, en las cotas valonas y en el otoño lombardo. Sube como un escalador, ataca como un clasicómano, remata como un depredador y compite con una voracidad que recuerda a épocas en las que los campeones no escogían tanto los escenarios: simplemente iban a ganar.Lieja reforzó esa idea. Evenepoel probó desde lejos, a 35 kilómetros, en La Redoute. El movimiento parecía capaz de encender la carrera, pero Pogacar tenía el guion escrito en la cabeza. Cuando abrió gas, solo Seixas encontró una respuesta. Durante unos kilómetros, la carrera dejó de ser una clásica para convertirse en una escena de relevo generacional: el campeón absoluto y el niño que todavía no conoce el miedo. Pero en la Roche-aux-Faucons volvió la jerarquía. Pogacar apretó, Seixas se dobló, y el mundo recuperó el orden habitual.
El esloveno ganó con autoridad, con 45 segundos sobre Seixas y casi dos minutos sobre Evenepoel. Fue su cuarta Lieja, igualando a Alejandro Valverde y Moreno Argentin, y quedándose a una sola del récord de Eddy Merckx. En la Decana ya no persigue rivales, persigue estatuas. También ahí el horizonte es claro: si vuelve a ganar, alcanzará al mayor icono de la carrera. Si lo supera, habrá conquistado otro altar.El ciclismo vive así una doble carrera monumental. Una es la de cada domingo, con ataques, cotas, pájaras, lluvia, polvo o emboscadas.
La otra es la de la historia, la que se mide en nombres, cifras y comparaciones imposibles. Pogacar cabalga en las dos. En la primera, sigue ganando. En la segunda, ya ha dejado de ser heredero para convertirse en amenaza directa.Roubaix queda como la gran obsesión. La pieza que falta. El adoquín que separa una colección extraordinaria de una colección perfecta. Hasta que llegue ese día, Pogacar seguirá acumulando primaveras, derribando referencias y mirando de reojo a Merckx.
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