
Emery, más encendido que nunca: "¿Dónde está el VAR?"
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Un bebé fue extraído del útero a las 25 semanas, operado y luego devuelto para salvar su vida. Finalmente, nació a las 31 semanas.
Ciencia
El bebé nació en la semana 31

07:08CEST
Cuando los médicos hablan de que “dos vidas están en juego”, normalmente es una forma elegante de describir una situación complicada. En este caso no había metáfora posible. Era literal. Un bebé con una enfermedad letal y una madre sometida a una intervención que rozaba lo experimental estaban a punto de entrar en un quirófano donde cada decisión podía cambiarlo todo.
Todo empezó en una ecografía rutinaria del segundo trimestre en Florida. Lo que debía ser un control más del embarazo se convirtió en un diagnóstico demoledor: el feto presentaba signos claros de síndrome de obstrucción congénita de las vías respiratorias altas, conocido como CHAOS. Una enfermedad rarísima, apenas un caso por cada 50.000 embarazos, en la que una obstrucción en la tráquea impide que los pulmones liberen sus secreciones. El resultado es tan simple como brutal: los pulmones se hinchan, presionan el corazón y terminan por impedir su desarrollo.
En la mayoría de los casos, no hay margen. Sin intervención, el desenlace es fatal. Y aunque existe una técnica para intentar salvar a estos bebés, el procedimiento estándar obliga a esperar hasta el final del embarazo, cuando el feto ya está listo para nacer. Demasiado tarde para Cassian. Su corazón ya estaba empezando a fallar antes de llegar a ese punto.
Ahí es donde todo se torció… o se volvió extraordinario, según cómo lo mires. Ante la falta de opciones reales, los padres pidieron a los médicos que intentaran cualquier cosa que pudiera darle una oportunidad. Lo que recibieron a cambio fue una propuesta que implicaba asumir riesgos enormes: adelantar la intervención a la semana 25, operar al feto parcialmente fuera del útero y devolverlo después para que siguiera desarrollándose.
No era una decisión estándar. Ni siquiera era una decisión cómoda. Requería la aprobación de un comité ético y la coordinación de un equipo dispuesto a moverse en un terreno donde prácticamente no hay precedentes claros. Pero era eso o esperar a que el corazón del bebé dejara de resistir.
La operación fue tan delicada como suena. Bajo anestesia general, los cirujanos realizaron una cesárea parcial para exponer la cabeza y el cuello del feto sin separarlo completamente de la madre. En ese punto crítico, insertaron un catéter en la tráquea para drenar el líquido acumulado en los pulmones y aliviar la presión sobre el corazón. Después, contra toda lógica intuitiva, lo devolvieron al útero y cerraron la incisión.
El margen de error era prácticamente inexistente. El catéter debía mantenerse en una posición exacta durante semanas: demasiado flojo y podía desplazarse, demasiado inflado y podía comprometer la circulación o el desarrollo de la tráquea. Además, existía otro riesgo igual de inquietante: si el bebé intentaba respirar durante el procedimiento, el cambio en la circulación podía hacer imposible continuar el embarazo. Todo tenía que salir bien a la primera.

Cassian meses despuésOrlando Health
Durante esas semanas posteriores, la situación siguió siendo un equilibrio precario. La intervención había ganado tiempo, pero no eliminaba el peligro. De hecho, el propio procedimiento aumentaba el riesgo de un parto prematuro, algo que finalmente ocurrió en la semana 31, seis semanas después de aquella cirugía límite.
A las tres de la madrugada, un equipo de unas 30 personas volvió a reunirse en quirófano para ejecutar el siguiente paso. Repitieron el procedimiento EXIT, esta vez con el objetivo definitivo: asegurar la vía aérea del bebé antes de completar el parto. Sustituyeron el catéter por un tubo de respiración mientras Cassian seguía conectado a la placenta, y solo entonces terminaron de sacarlo.
El bebé nació en condiciones relativamente estables, aunque con todas las complicaciones propias de un gran prematuro. Pasó meses hospitalizado y aún necesita soporte respiratorio, aunque ya está en proceso de retirarlo progresivamente. Más adelante tendrá que someterse a otra cirugía para eliminar definitivamente la obstrucción de su tráquea.
Últimas Noticias
La cirugía se realizó para salvar la vida del bebé, que necesitaba atención médica urgente.
El bebé nació a las 31 semanas de gestación.
La cirugía extrema implica extraer al bebé del útero, operarlo y luego devolverlo para continuar su desarrollo.
Los riesgos incluyen complicaciones por la prematuridad y los efectos de la cirugía en un organismo tan pequeño.

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