
¡Sawe hace historia y baja de las dos horas en el maratón de Londres!
¡Sawe hace historia al bajar de las dos horas en el maratón de Londres!

Gareth Thomas, ex capitán de Gales, corre el medio maratón de Madrid para desafiar los estigmas sobre el VIH. A sus 51 años, busca ser la voz de quienes han sido obligados a avergonzarse por su condición.
Mentioned in this story
Capitán de Gales en 2005, activista gay y portador del virus del SIDA corre el medio maratón de Madrid para acabar con los clichés que la sociedad tiene sobre el VIH
Gareth Thomas (51), el viernes en el Hotel Meliá Serrano
10:53CEST
A, de entre todos los participantes del medio maratón de Madrid, ninguno alcanza la fama mundial de Gareth Thomas (Bridgend, 1974), capitán de la última selección de Gales que ganó el Grand Slam en 2005 y con la que alcanzó las 100 internacionalidades. En colaboración con la empresa farmacéutica ViiV Healthcare, trata de desestigmatizar los clichés que la sociedad deposita sobre los portadores del VIH, virus que contrajo en 2019, diez años después de ser el primer gran deportista que hizo pública su homosexualidad.
Gareth Thomas es un ex capitán de rugby de Gales que corrió el medio maratón de Madrid para desafiar los estigmas sobre el VIH.
El objetivo de Gareth Thomas es acabar con los clichés que la sociedad tiene sobre el VIH y ser la voz de quienes han sufrido vergüenza por su condición.
Gareth Thomas busca transmitir un mensaje de aceptación y lucha contra la discriminación hacia las personas que viven con VIH.
Gareth Thomas es un activista gay que ha utilizado su plataforma para abogar por los derechos de la comunidad LGBTQ+ y la visibilidad del VIH.

¡Sawe hace historia al bajar de las dos horas en el maratón de Londres!
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Se le ve en forma. "A las cuatro de la mañana voy al gimnasio. Y a las nueve de la mañana ya quiero cenar", bromea. Está forrado de tatuajes. "El primero me lo hice con 13 años, es Yosemite Sam", dice refiriéndose al bigotón pistolero de los Looney Tunes.
Pregunta. ¿Qué le trae por Madrid?
Respuesta. En primer lugar, por la carrera, dentro de mi campaña Tackle HIV (Placa el VIH) con ViiV Healthcare. Y también quería venir porque este fin de semana se estrenaba una película de Eduardo Casanova, en la que habla abiertamente sobre su diagnóstico de VIH. Encontré tantas similitudes, tanta sintonía entre su vida y la mía, que era muy importante para mí estar aquí, acudir al estreno y poder ser un aliado y un apoyo en lo que él también está intentando hacer.
P. Fue al médico a un control sexual rutinario en Cardiff sin sentirse enfermo y apareció su enfermedad. Cuando conoció el diagnóstico dijo sentir como si un tren expreso le golpease a 300 km/h. ¿Cuál fue su primer pensamiento?
R. Mi primer pensamiento fue consecuencia de mi educación. Soy el producto del colegio al que fui. Soy el producto de lo que aprendí en el entorno que me rodeaba. Soy el producto de las conversaciones que se tenían en mi casa. Y la razón por la que sentí que ese tren me golpeaba a 300 km/h fue precisamente esa crianza. Todo lo que yo sabía, o todo lo que me habían dicho las personas en las que confiaba —profesores, familiares, la gente a mi alrededor— era que el VIH era una sentencia de muerte.
Era una sentencia a la soledad, y una sentencia a sentirse frágil, débil. Por eso sentí que el tren me golpeaba: porque para mí aquel diagnóstico no era el de una enfermedad crónica tratable. Era alguien diciéndote que, en los próximos 8 ó 12 meses, tu vida terminaría.
Pensaba que suicidándome las personas que me importaban y a las que quería no tendrían que verme pasar por el dolor y el lento proceso de debilitamiento
Gareth Thomas
P. Esos sentimientos le llevaron incluso a contemplar conducir y arrojarse por un precipicio. ¿Cuánto se acercó de verdad a esos pensamientos?
R. Cuando uno llega a tener esos pensamientos, la realidad es que algo tiene que intervenir. Algo tiene que interponerse entre esos pensamientos y llevarlos a cabo. En ese proceso del VIH lo pensé porque creía que era lo mejor para las personas a mi alrededor. En ese momento de mi vida, creo que todos debemos ser egoístas en ciertos momentos para cuidarnos. Pero yo me sentía muy poco egoísta. Pensaba que, haciendo algo así, las personas que me importaban y a las que quería no tendrían que verme pasar por el dolor y el lento proceso de debilitamiento que imaginaba que sufriría al morir de un virus que creía que acabaría conmigo. Les ahorraría tener que vivir ese proceso junto a mí. Lo pensé sin saber que, si hubiera hablado con esas personas, me habría sentido libre. Y ellas me han dicho después que habría sido lo más egoísta que podría haber hecho.
P. Una de las personas que conocía su enfermedad empezó a chantajearle. ¿Cómo explica eso?
R. Lo que ocurre es que cuando no le cuentas a nadie algo de tu vida —aunque eso no te defina como persona—, vives con el miedo a que la gente lo descubra. Vivir con el VIH es sobrellevar un virus manejable que no me impide hacer nada. Pero si me quedaba a dormir en casa de un amigo, tenía que llevar la única cosa que tomo cada día y que me permite llevar una vida normal: una pastilla. Me sentaba en el salón de mi amigo, charlaba y me reía, pero siempre era consciente de que arriba, en mi bolsa, escondida en el fondo, había una pastilla. Y si alguien la encontraba y me preguntaba qué era, tendría que responder.
Llega un momento en la vida en que uno tiene que exponer sus vulnerabilidades con la esperanza de que los demás las acojan y no las usen en tu contra. En mi caso, me abrí a una persona que vio esa vulnerabilidad como una oportunidad para sacar provecho de ella. Y una de las grandes razones por las que finalmente hablé de mi VIH fue porque me estaban chantajeando por dinero a cambio de esa información tan personal.
La manera en que detuve el chantaje y recuperé el control fue apropiarme de mi propia historia, tomar las riendas de mi propio relato y contarlo yo mismo, en lugar de dejar que otra persona lo usara en su beneficio, cuando en realidad no le importaba lo más mínimo salvo por lo que podía ganar económicamente.

Gareth Thomas, en su época en activoGetty Images:
P. ¿Cuál es el mayor error que sigue escuchando hoy sobre el VIH y que quiere corregir?
R. Concienciar que, si estás bajo medicación contra el VIH, el virus no puede transmitirse por contacto sexual si el tratamiento es eficaz. Otro dato muy importante es que el VIH no afecta únicamente a hombres gays y bisexuales, ni a hombres y mujeres africanos negros. No soy científico, pero nunca he conocido ningún virus que sea capaz de distinguir tu sexo o el color de tu piel.
Sin embargo, en la sociedad existe un enorme estigma y un gran problema: personas de ciertas características o de ciertos orígenes creen que no necesitan hacerse la prueba del VIH porque piensan que su orientación sexual o su color de piel los excluye de ser afectados. Para controlar el virus, para detener su propagación, todo el mundo necesita hacerse la prueba. Pero la gente siente que no la necesita porque, cuando se mira al espejo, no ve a alguien gay, bisexual o de una etnia que cree que lo expone.
Pienso que si las personas comprendieran y conocieran esos dos datos fundamentales, acabaríamos con el estigma y, al acabar con el estigma, detendríamos también la propagación del virus.
P. Participó en un Ironman en Gales al día siguiente de anunciar la enfermedad. ¿Lo hizo como símbolo, como mensaje?
R. Sí. Participé en ese Ironman porque he aprendido en el rugby, y en la vida, que la gente aprende y se educa de dos maneras distintas. No todos aprendemos igual. Si alguien te da información de forma oral, a veces la asimilas toda, a veces solo la mitad, a veces un cuarto. Pero si a las palabras le sumas las acciones, entonces la gente no puede evitar entender lo que le estás diciendo.
Lo que hice fue publicar mucha información y artículos en la prensa, que salieron ese mismo día. Pero lo más importante fue levantarme y demostrar físicamente que, si crees que el VIH es un virus incontrolable que te hace débil o frágil, yo voy a plantarme y mostrar que no me impide hacer nada.
Y también quería que fuera un grito, porque a quienes vivimos con el VIH siempre se nos ha dicho que callemos, que nos avergoncemos, que nos escondamos. Yo quería ser ruidoso. Quería que la gente lo oyera, quería oírlo yo mismo, y quería mostrar lo que soy capaz de hacer viviendo con el virus. Para que otras personas pudieran vivir auténticamente y, si decidían ser abiertas sobre su diagnóstico y alguien no lo creyera, pudieran decir: "Espera, mira lo que este hombre ha dicho. Y más importante aún, mira lo que este hombre ha hecho viviendo con el virus. Ahora dime que no puedes volar teniendo el VIH".
Es cruel entrar en una habitación, sentarte en una mesa y que la gente se levante y se vaya porque tiene miedo de que, si toses, vayas a contagiarles el virus"
Gareth Thomas
P. ¿Cómo le contó a su marido, no portador, su situación cuando le conoció? ¿Cómo lo recibió él?
R. Cuando conocí a mi marido, en realidad no estaba obligado a decírselo, porque mi carga viral está a un nivel en el que no puede transmitirse. Pero quería ser auténtico con él, obviamente. Así que, después de la cuarta o quinta vez que nos vimos, decidí sentarme con él. Es una persona formada, conocía los hechos, le expliqué la medicación que tomaba y le dije que si, con esa información, no quería seguir en mi vida, lo entendía. Estoy bien si la gente me quiere, y estoy bien si no me quiere, siempre que me quieran o no me quieran por mi verdad y por quien soy.
Como dije, mi marido es un hombre muy inteligente y muy formado. Entendió que el VIH no tiene ninguna relevancia para él, y llevamos casi diez años juntos: él sigue siendo seronegativo. También tengo dos hijastras muy comprensivas y muy informadas. Y tengo un precioso nieto que, a su manera, está creciendo conociendo todos los hechos correctos y positivos sobre las personas que viven con el virus.
P: ¿Qué fue más difícil, salir del armario en 2009 o anunciar su diagnóstico de VIH en 2019?
R. Lo primero que quiero decir es que, para mi desempeño como jugador de rugby, mi sexualidad no tiene ninguna relevancia; y para mi capacidad como ser humano, mi historial médico tampoco tiene ninguna relevancia en lo que soy capaz de hacer. Pero ambas cosas me dieron la oportunidad de descubrir exactamente quién soy.
Por mucho que, dentro del rugby, me convertí en un personaje muy diverso en un entorno muy poco diverso, eso me permitió conocer mis capacidades, volverme resiliente, conocer mis fortalezas y mis debilidades, y aprender. Ser auténtico en ambos casos me convirtió en una mejor versión de mí mismo.
Pero sin duda, lo más difícil de los dos fue hablar de mi diagnóstico de VIH, porque el estigma en torno a la enfermedad en la sociedad y en el mundo en que vivo es cruel.
Es cruel saber lo que es entrar en una habitación, sentarte en una mesa y que la gente se levante y se vaya porque tiene miedo de que, si toses, vayas a contagiarles el virus; ver cómo se apresuran a coger tu vaso y lavarlo enseguida; ver cómo se acercan constantemente a mi marido, incluso delante de mí, para decirle que es un buen hombre... solo porque se ha casado con alguien que vive con el VIH, como si yo fuera una mercancía dañada. Que hagan eso delante de mí es cruel, y eso es el estigma que yo sufro.
Sé que en la sociedad hay casos mucho peores de ese tipo de juicios hacia las personas. Por eso, mientras siento que hay menos estigma en torno a la sexualidad y más conocimiento —aunque sigue habiendo mucha discriminación—, el estigma en torno al VIH hace que sea un entorno mucho más hostil en el que exponerse.

Thomas, acabando el Ironman en 2019Getty Images:
P. ¿Cuándo confesó a Jemma, su mujer, que su condición sexual era diferente, que era gay?
R. La gente tiende a no entender que un hombre gay puede estar enamorado de una mujer. La relación con Jemma es muy especial. Pero había un refrán que se dice por algo: si quieres a alguien de verdad, y no eres auténtico, lo mejor que puedes hacer por amor es liberarlo.
Para mí, darme cuenta de que ese sería el principio del fin de algo que me daba un gran consuelo —una persona a la que quería, con quien me despertaba cada mañana, a quien le decía que la quería cada noche— mientras, en realidad, le mentía... Haberme quedado callado no habría sido auténtico, y no le habría dado la oportunidad de ir a vivir su vida con alguien que pudiera serle completamente fiel.
No se trataba de encontrarme a mí mismo. Creo que fue un momento en que tuve que ser generoso y pensar en qué era lo mejor para otra persona. Para que ella pudiera ir a vivir el resto de su vida, en lugar de esperar hasta que los dos tuviéramos 50 ó 60 años y ya fuera tarde.
Contárselo entonces, para que pudiera rehacer su vida a los 50 ó 60... no me parecía justo. Por muy difícil que fue, sentí que era lo más altruista que podía hacer, porque si de verdad te importa alguien, tienes que ser auténtico y que conozca exactamente quién eres.
Quería que las personas a mi alrededor dejaran de preocuparse, dejaran de no saber quién era yo. Y también, personalmente, quería saber de verdad de lo que era capaz
Gareth Thomas
P. Dijo sentirse que estaba encerrado en un armario. ¿Cuál fue el momento en que se dio cuenta de que ya no podía mantener esa puerta cerrada?
R. Hubo muchos momentos. Cuando te tumbas en la cama y le dices a la persona que está a tu lado que la quieres, ella se da la vuelta, tú finges que duermes, pero puedes oírla llorar porque sabe que algo va mal. Llegué a un punto en el que ya no quería seguir viviendo porque no podía ser auténtico. Mis padres me preguntaban constantemente qué me pasaba. Mis hermanos, mis amigos me preguntaban en quién me había convertido, porque ya no me reconocían. Para mí, fue el momento de darme cuenta de que, aunque yo no me importara, tenía que importarme la gente que me rodeaba. Quería que las personas a mi alrededor dejaran de preocuparse, dejaran de no saber quién era yo. Y también, personalmente, quería saber de verdad de lo que era capaz.
P. Fue de las primeras grandes estrellas del deporte mundial que reconocieron su homosexualidad. Y la primera en deportes de equipo.
R. Sí, ese era el miedo. Tuve que sopesar ese miedo frente a la posibilidad de dar ese paso. El rugby era mi vida. Aún ahora, con 50 años, el rugby corre por mis venas. No es un juego para mí: es parte de lo que soy, está dentro de mí. Me importa muchísimo, y no solo me importa el deporte, me importa la gente, quiero a mi país, representaba a mi país, fui capitán de mi país. Así que tener esa oportunidad, y no saber si los 3 millones de personas que el sábado me querían porque jugaba para Gales el lunes me iban a odiar por ser gay... no lo sabía. ¿Vale la pena ese riesgo? ¿Vale la pena que tres millones de personas te vitoreen el sábado y te escupan en la calle el lunes? Eso es lo que sentí que tenía que afrontar, porque nadie lo había hecho antes. ¿Vale la pena? Y sabes qué, en retrospectiva —y me lo dije a mí mismo—, para mí valía la pena saber de lo que era capaz.
Pasar de hablar de otras personas a que ellas pudieran hablar de mí, saber mis límites, ser egoísta conmigo mismo: valía la pena. Valía el riesgo de perder a tres millones de personas. Porque siempre supe que, si los perdía a todos, me quedarían cinco: siempre tendría a mi madre, a mi padre, a mi marido y a mis dos hermanos.
P. ¿Cómo fue la reacción en el vestuario, entre sus compañeros?
**R.**Fue exactamente lo que cualquier persona que vive con el VIH o con una sexualidad diferente desearía. ¿Sabes cuál ? Exactamente la misma de antes. Yo no hablé de ser gay ni de mi VIH porque quisiera ser jaleado, ni porque quisiera ser discriminado. Lo hablé simplemente porque quería que me trataran como a cualquier otra persona.
Cuando fui al vestuario, con mis compañeros, con los rivales, me trataron exactamente igual que antes. Y eso era todo lo que quería. Creo que mucha gente se confunde pensando que lo dices porque quieres salir en la portada del periódico, porque quieres hacerte famoso, porque quieres ganar dinero. La realidad es que yo, y la mayoría de las personas que hablan, lo hacen simplemente porque quieren tener la oportunidad de ser tratados como todo el mundo.

Gareth Thomas levanta el título del VI Naciones
P. Y cuando era adolescente y escuchaba "gay" como un insulto, ¿lo sufría? ¿Qué pensaba?
R. Jugué muchos partidos después de hacer el anuncio en los que durante los 80 minutos me lanzaban todo tipo de insultos homófobos, minuto tras minuto. Y me di cuenta de que podía quedarme callado, dejar que eso existiera y no dejar que me afectara, o podía levantar la mano y decir: "No, no voy a permitir que esto ocurra", e ir a una federación o a una asociación y decir: "Acabo de jugar en este estadio y recibí insultos homófobos y discriminatorios. Cuando vuelva aquí el año que viene, esto no puede existir. Tienen que hacer algo al respecto."
Creo que en la sociedad, especialmente en el deporte del Reino Unido, tenemos un patrón muy claro: aparece un caso de homofobia en un estadio de fútbol, todo el mundo se rasga las vestiduras, los periodistas lo convierten en titular dos o tres días, las noticias lo cubren dos o tres días, y luego para. Y seis meses después, enciendes la televisión y hay otro caso de homofobia, porque nadie hace realmente nada.
Cuando yo estaba en el campo, mi objetivo era asegurarme de que, si ocurría algo, se tomaran medidas. Usaba mi posición como jugador para exigir tolerancia cero y garantizar que no volviera a suceder. Así es como lo gestionaba cuando jugaba: aguantaba el abuso en el campo, sabiendo que lo hacían para afectar a mi rendimiento, para alterar cómo corría o cómo me movía. Pero en cuanto salía del campo, me aseguraba de que esa conducta discriminatoria —hacia mi sexualidad o la de cualquiera— no volviera a repetirse.
P. ¿No cree que el buen rollo del rugby es lo que le permitió dar ese paso, algo que en el fútbol no existe y que impide que una gran estrella salga del armario?
R. El rugby y el fútbol son deportes distintos, pero las personas son las mismas y aprenden de la misma manera. Hasta que una asociación o una federación no se plante y declare la tolerancia cero de verdad, es muy poco probable que cambie nada. ¿Por qué iba a hacerlo alguien, sea del fútbol o de cualquier otro deporte?
Si cada semana o cada dos semanas te discriminan, no por tu capacidad ni por tu personalidad, sino por algo tan irrelevante como tu sexualidad, ¿por qué ibas a exponerte a estar 90 minutos en un campo recibiendo insultos? ¿Por qué se lo haría alguien? Hasta que no se cree un entorno de tolerancia cero, donde la gente sepa que no puede ser homófoba sin el riesgo de ser expulsada del estadio o de no poder volver jamás a un partido de fútbol... ¿por qué lo haría alguien, profesional o amateur?
Los deportistas participan en el deporte por su capacidad y quieren ser juzgados por ella. Pero si van a ser vilipendiados por algo que no tiene nada que ver con su rendimiento, ¿por qué iban a exponerse? Yo me siento alguien que, mirando atrás, en muchas ocasiones podría haber sido un jugador mejor si no hubiera cargado con todo eso. Y creo que en el mundo del fútbol, si alguien quiere ser auténtico y abierto, necesita que haya protección antes, no después.
Te pongo un ejemplo: dos días después de que hablara de mi sexualidad, el rugby union me llamó y me dijo: "Ven a la oficina y dinos si podemos hacer algo para ayudarte con este anuncio." Y yo les dije: "Muchas gracias por preguntar. Ya no hay nada que podáis hacer, pero había mucho que podríais haber hecho antes." Cuando yo estaba sentado al borde de una piscina, bebiendo con la esperanza de caer al agua y ahogarme, o cuando quería saltar por un precipicio... eso ocurría porque no sabía lo que me esperaba.
Si el fútbol puede aprender algo de mi pequeña historia, es que la gente tiene miedo porque no sabe a qué se enfrenta. Cread un entorno donde sepan lo que les espera, donde sepan que van a estar seguros y protegidos. Así encontraréis lo mejor de vuestros jugadores y aparecerá el próximo David Beckham, el próximo Pelé, el próximo Ronaldo, porque se le permite ser él mismo, ser auténtico, y por tanto ser la mejor versión de sí mismo.
P. ¿Está orgulloso no solo de tu carrera deportiva, sino de todo lo que has conseguido para construir un mundo mejor?
R. Estoy muy orgulloso. Y nunca tengo que pensar mucho las respuestas: prefiero simplemente ser auténtico. Pero siempre pienso en esto: estoy más orgulloso de lo que hago ahora. Y lo que hago ahora solo es posible gracias a lo que he hecho antes.
Cuando eres deportista, trabajas muy duro para crear un legado, para que la gente te recuerde después de que te hayas ido. Y me gusta creer que mi historia, quién soy, quién he seguido siendo, va más allá del rugby. Va más allá del deporte. Lo ha trascendido. Es algo más grande. Lo que hago ahora con la campaña Tackle HIV me importa más que cuando jugaba para mi país, porque represento a un grupo de personas a quienes se les dijo que callaran. Soy la voz de quienes fueron silenciados. La voz de quienes fueron obligados a avergonzarse. La voz de quienes fueron apartados de la sociedad y les dijeron que no se dejaran ver ni oír. Y cuando eres la voz de una comunidad a la que se le ordenó callar, es más difícil. Pero todo lo que es más difícil merece la pena hacerlo.
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