
El Real Madrid enfrenta preocupaciones tácticas y de rendimiento tras su reciente partido contra el Girona.
La situación actual podría afectar el rendimiento del equipo en competiciones futuras y la moral de los jugadores.
Los aficionados mostraron su descontento y preocupación por el desempeño del equipo tras la derrota.
Se esperan posibles ajustes tácticos y cambios en la alineación para mejorar el rendimiento del equipo.

El Real Madrid enfrenta múltiples problemas tras su partido contra el Girona en Múnich. La situación del equipo genera preocupación entre los aficionados y analistas deportivos.
Real Madrid
La contracrónica del Real Madrid - Girona

23:02CEST
E l Real Madrid ya no remonta. Ni los partidos ni, empieza a parecer, la temporada. El empate ante el Girona deja como tantas veces esta temporada una sensación más profunda que el resultado en sí, la de un equipo que encadena tres tropiezos seguidos —dos en Liga y uno en Champions, peor racha del curso— y que, a mediados de abril ve cómo el curso se le escapa sin remedio. Queda un último disparo. El del miércoles en Múnich. Pero la sensación ahora mismo es que la remontada es más un deseo que una posibilidad real.
El contexto del partido en vísperas de ir al Allianz invitaba a algo más. La alineación que planteó Arbeloa como ensayo general para medirse al Bayern tenía nombres suficientes como para pensar en en la proeza: Vinicius, Mbappé, Bellingham, Valverde, Militao… Pero el fútbol volvió a recordar que no va de juntar talento, sino de hacerlo funcionar. Y hace tiempo que nadie lo consigue. Ni Ancelotti, ni Xabi Alonso, ni Arbeloa.
El Madrid tuvo un momento. Apenas veinte minutos al inicio de la segunda parte en los que pareció acercarse, gracias a Valverde, a lo que se le presupone. Se jugó con algo más de ritmo, algo más de intención, cierta sensación de control. Fue un espejismo corto.
El tramo final devolvió la imagen más preocupante, la de casi toda la temporada. La de un equipo roto, partido en dos, sin estructura ni continuidad. Más cerca de conceder que de construir, más pendiente de impulsos individuales que de un plan colectivo. Ahí se le fue el partido y, ahora sí, LaLiga. Múnich aparece como última bala, pero también como una exigencia máxima para un equipo al que le esperan 45 días muy duros si no hay proeza en la Champions.

Podría pensarse, por su falta de minutos, que Dani Carvajal ya no está para jugar en el Madrid, pero su partido ante el Girona echa por tierra esta teoría. Fue titular y respondió con un encuentro más que serio, sin alardes pero con la fiabilidad de siempre. Cumplió atrás, dio salida cuando tocaba y, sobre todo, dejó la sensación de que sigue siendo competitivo para este nivel. Lo suficiente como para que más de uno se plantee si no debería estar por delante de Trent Alexander-Arnold en una cita tan exigente como la de Múnich.
El problema para el capitán es otro. Álvaro Arbeloa no termina de verle en plenitud y, salvo sorpresa, apostará por el inglés ante el Bayern. Una decisión que responde más a una cuestión del estado físico actual que a una diferencia abismal de rendimiento, porque lo visto invita a pensar que la distancia entre ambos no es tan grande como reflejan los minutos.

El Madrid volvió a apoyarse en Valverde, aunque esta vez no le alcanzó para pasar del empate ante el Girona. Con el 0-0, el uruguayo fue de lo poco que agitó el partido en la segunda parte. Marcó con uno de sus disparos potentes —con la ayuda de Gazzaniga— y durante varios minutos dio la sensación de que podía empujar al equipo hacia algo más. Empezó a aparecer por distintas zonas, a dar continuidad y a sostener al Madrid en su mejor tramo. Pero se quedó en eso, en un impulso puntual. El equipo no logró mantener ese ritmo ni traducirlo en ventaja definitiva, y el partido terminó en empate.
Con todo, y en un contexto en el que siempre se mira a Vinicius y a Mbappé, la sensación es que lo más constante sigue siendo Valverde. Incluso en un día en el que no fue suficiente para ganar.

Tres goles lleva Lemar esta temporada: Sevilla, Barça y Real Madrid. No es mala elección la del jugador francés, al que no le vamos a pedir a estas alturas la regularidad que le ha faltado durante toda su carrera. Pero en el Bernabéu, Lemar jugó bien y además hizo un golazo. Aprovechó los metros que le dejaron los jugadores del Madrid, que tardaron en salir de la cueva para cerrarle el espacio, y armó un disparo imposible para Lunin. No tiene suerte el ucraniano, al que le están metiendo cada golazo...

Múnich aparece como una de esas noches que definen relatos y quizás trayectorias. También para Mbappé, que encara el partido del miércoles con una pregunta difícil de esquivar: ¿qué puede significar una segunda temporada sin títulos en un club como el Madrid? No es solo una cuestión colectiva. En su caso, también es personal. Llegó para marcar diferencias y, hasta ahora, el contexto y el proyecto no le ha acompañado. Sus goles, muchísimos, no van de la mano de los títulos. Aunque pueda resultar injusto, el miércoles todas las miradas serán para él. El peaje de ser el mejor.

Siguen los árbitros aferrados al manual, como si el fútbol fuera un deporte de laboratorio y no un juego que se entiende mejor con sentido común que con reglamento en mano. Y así, claro, los futbolistas desesperan. Porque lo de Mbappé rozó lo absurdo: amarilla por protestar una falta que nace de una acción en la que se había quitado de encima a dos rivales con un simple braceo. Mientras, en el otro lado, Arnau reparte un codazo a Fran García y se va de rositas. Ni tarjeta, ni explicación, ni lógica.
La infracción al francés es síntoma de algo más preocupante, la de una interpretación del juego que parece desconectada de la realidad. Como si ahora hubiera que correr con los brazos pegados al cuerpo, pidiendo permiso para cada contacto. Y ahí está el verdadero problema. El fútbol, poco a poco, se está olvidando de que es un deporte de contacto.

En la jornada retro de LaLiga, los árbitros viajaron al Mundial de Estados Unidos 94. Fue la primera vez que los colegiados dejaron de lado el negro para pasarse a los colores. Entonces, adidas creó una colección rosa, amarilla y negra. Esta última, con pequeños cuadros, fue la que eligió Alberola Rojas para el Real Madrid-Girona.

FOTO CHEMA REY
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