

La ganadora del Premio Planeta 2023 con 'Las hijas de la criada', regresa a las librerías con una nueva novela: 'Llevará tu nombre'

Sonsoles Ónega, en la Suite Real del Hotel InterContinental de Madrid.PABLO MORENO
J. F. BORRELL
Madrid
09:09CEST
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'Llevará tu nombre' Sonsoles Ónega homenajea a las mujeres anónimas que dedicaron su vida a escribir
'Llevará tu nombre' es la primera novela de Sonsoles Ónega después de que conquistara el Premio Planeta 2023 con 'Las hijas de la criada', obra de la que se han vendido más de medio millón de ejemplares y que ha sido llevada a la pequeña pantalla en formato serie de ocho capítulos de aproximadamente 50 minutos de duración cada uno.
La nueva novela de la periodista madrileña, la octava de su carrera en su faceta como escritora, llegó a las librerías el pasado 25 de febrero. En ella, Sonsoles Ónega homenajea a las mujeres anónimas que dedicaron su vida a escribir y lo hace reconstruyendo el pulso social, moral y político de la España de finales del siglo XIX, un país que entonces se encontraba atrapado entre la tradición y la modernidad.
Para hablar de 'Llevará tu nombre', de esas mujeres anónimas que eran invisibles y estaban silenciadas a finales del siglo XIX y de las mujeres en la actualidad, entre otros asuntos, Sonsoles Ónega cita a Tiramillas, la web de ocio de Marca, en el Hotel InterContinental de Madrid, quien nos abre las puertas de su impresionante Suite Real para charlar con ella.

Carátula de 'Llevará tu nombre', la nueva novela de Sonsoles Ónega.
PREGUNTA. Tras el enorme éxito e impacto de 'Las hijas de la criada', novela ganadora del Premio Planeta 2023, ¿qué necesidad literaria o emocional le empujó a escribir 'Llevará tu nombre'?
RESPUESTA. Yo no puedo vivir sin escribir. De hecho, 'Llevará tu nombre' surge poco después de que 'Las hijas de la criada' estuviera ya en las librerías. O sea, que enseguida me embarqué en un proyecto nuevo porque es lo que más feliz me hace, lo que me aparta del ruido de la exposición a la que me lleva la televisión, y con mucho gusto porque es un oficio al que le debo la vida entera, pero necesito también esos espacios que solo me da la literatura.
P. La novela arranca con un asesinato y una injusticia que condena a Mada al exilio. ¿Qué le interesaba explorar a través de esa expulsión simbólica y real?
R. Me interesaba mucho saber cómo demonios se puede reconstruir alguien desde cero, alguien cuya identidad ha sido borrada, alguien que lo desconoce todo por su juventud y por las dificultades de la época, alguien que llega a un Madrid del que no sabe absolutamente nada... Esa cosa de empezar de cero me interesaba mucho. Quizá porque yo creo que todos tenemos esa tentación de algún día huir a no sé dónde, donde nadie te conozca, donde nadie sepa quién eres, y empezar de cero. En el caso de mi protagonista no lo hace por gusto, sino que lo hace casi condenada por su familia.
P. Mada Riva es una protagonista que encuentra en la lectura y la escritura una forma de salvación. ¿Hasta qué punto escribir es, también para usted, una forma de resistencia?
R. De resistencia para uno mismo, desde luego. Para mí es una tabla de salvación, porque en los libros está absolutamente todo. En los libros nos podemos permitir sentir desde el sentimiento más abyecto hasta el más noble. Esta novela tiene un lema, que está en la última frase del libro, que es 'lo que pasa en los libros, se queda en los libros', que creo que es algo que siempre he querido verbalizar, pero que no lo había conseguido por lo que fuera, porque no se me había ocurrido. Tampoco tiene nada de original la frase, pero cuando acabé de escribir la novela pensé: "Ojalá al lector le ocurra lo que a mí me ocurre con los libros". Yo creo un universo de sentimientos, de sensaciones, de emociones, que no necesariamente tienen que ser cándidas y bondadosas, sino que pueden ser horribles también. Para mí la literatura, como lectora y como escritora, es evasión, porque ya está todo vivido, escrito, contado, definido, descrito, dialogado y me alivia, la verdad.
P. La historia transcurre entre Comillas y Madrid a finales del siglo XIX. ¿Qué le ofrecía ese momento histórico para hablar de clase, género y silencios impuestos?
R. Me he encontrado cómoda en este género de la 'novela histórica', que me parece una etiqueta grande, porque el pasado siempre adorna y el pasado nos enriquece como lectores y como escritores, a mí la primera. Yo aprendo de todo lo que estudio durante el proceso creativo, pero esas dos décadas de finales del siglo XIX son muy interesantes, porque a mi juicio son las que empiezan a sembrar lo que luego despuntará en el siglo XX. Para las mujeres es un momento en el que empezamos a sacar cabeza, con un índice de analfabetismo brutal que sacudía sobre todo a las mujeres es el momento en el que algunas empiezan a decir que es importante que la mujer sepa algo más que planchar, que pasar la mopa o que limpiar de rodillas los suelos. La necesidad de ilustrar a la sociedad en su conjunto, y singularmente a las mujeres, surge en esta época. Luego es una época muy dura de epidemias, de falta de medicinas, de higiene, de muertes en poco tiempo... O sea, es una época dura. Y luego, para nosotros, es una época muy bonita, porque surge el periodismo de sucesos o se empieza a convertir en un género dentro de los periódicos, aunque siempre se hubiera escrito de muertes y asesinatos, pero hay un crimen brutal, que es el crimen de Fuencarral, en el que una sirvienta, Higinia Balaguer, mata a su señora y se convierte en un escándalo en la sociedad de la época. No se hablaba de otra cosa en los mercados, en las calles, en los salones. Fue absolutamente transversal. Todas las clases sociales hablaban de la malvada Higinia Balaguer y Benito Pérez Galdós lo contó para los periódicos y luego escribió un libro por entregas en el que iba contando todo sobre el crimen de Higinia Balaguer, que fue tremendo. Yo lo incluí en el libro, pero luego lo quité porque se me iba de las manos, ya que iba a ser una novela de 600 páginas y no podía ser. Y luego la crónica social y el periodismo del corazón también surgen en esta época, los chismes de toda la vida surgen a finales del siglo XIX. Es una época de muchas primeras veces muy chulas y el germen de un montón de cosas.
P. En la novela, el apellido y el honor pesan más que la verdad. ¿Cree que esa lógica sigue presente, aunque adopte otras formas, en la sociedad actual?
R. Qué interesante. En la novela está claro que el honor y preservar el apellido de la familia Riva pesa más que la verdad, sin duda. Llevándolo a nuestro tiempo, que es lo que me pides, creo que sí, que a veces la verdad se sacrifica por otros sentimientos, sensaciones o mandatos que no tienen nada que ver con la verdad.
P. 'Llevará tu nombre' es un homenaje explícito a las mujeres invisibles y silenciadas. ¿Cuándo tomó conciencia de cuántas historias femeninas quedaron fuera del relato oficial?
R. La verdad es que cada vez que he descubierto una mujer de la que no sabía nada, me preguntaba cuántas más habrá que no conocemos porque nadie nos lo ha contado, porque no están en los libros de texto o porque han sido invisibilizadas por la historia. Eso es algo que siempre me ha preocupado y las hay a montones. Claro, de esa época, por ejemplo, ¿quién puede ser la más célebre? Seguramente Emilia Pardo Bazán. Y era una mujer con posibles. Condesa, además, muy conocida por el Pazo de Meirás, que se quedó Franco. Quiero decir, conocemos algunas, pero luego hay otras que pasaron sin pena ni gloria por las circunstancias de su época. No se trata de buscar culpables en pleno siglo XXI, sino que eran las circunstancias, era el momento, pero está bien saber de dónde venimos, reconocerlo y decir: "Joder, se cometió una injusticia con todas esas mujeres". Sin más. No nos hace ni extremistas ni 'feminazis', nos hace conscientes de lo que somos.

Sonsoles Ónega posa con un ejemplar de 'Llevará tu nombre'.PABLO MORENO
P. Figuras como Emilia Pardo Bazán o Faustina Sáenz de Melgar aparecen como referentes. ¿Qué le une a ellas más allá de la admiración literaria?
R. Sería ridículo decir que me une algo, porque no me une nada, más que mi condición de mujer, pero el mismo compromiso que ellas tuvieron con las letras seguro que me une, seguro, solo que mis circunstancias me permiten no padecer las injusticias que padecieron ellas. Por eso yo creo que, en la medida en la que podamos, tenemos esa obligación de sacarlas a la luz y redimirlas del ostracismo al que las condenó, insisto, su época.
P. La sororidad y las redes de apoyo femenino como La Casita son clave en la novela. ¿Era importante mostrar que la salvación no siempre llega a través del amor romántico?
R. La Casita existió. Luego se convirtió en una congregación religiosa importante, unas hermanas que sacaban a las prostitutas de la calle y les ofrecían un oficio de sirvienta, porque tampoco había mucho de dónde tirar si una no era rica y aristócrata. Si no era nada, al final limpiaba. O si su familia tenía una tienda, entonces despachaba en el mostrador, pero si no, prostituta o criada. Entonces, esas mujeres gobernadas por Vicenta María López y Vicuña hicieron lo que yo he entendido que hicieron, que fue camaradería, que es algo que yo reivindico para las mujeres, porque las mujeres no hemos sabido organizarnos y aún hoy no hemos sabido organizarnos. Si lo piensas, los hombres han hecho lobby y han tirado unos de otros toda la vida. En cambio, las mujeres no nos hemos sabido organizar en un lobby, dicho así, sin tapujos ni vergüenza, no hemos sabido. Y para eso sirve la literatura, para inventarte mundos maravillosos en los que ocurren milagros como el de La Casita. Pero déjame que diga, por favor, que existieron las hermanas gobernadas por Vicenta María, que es santa desde el año 1975, y que creo que esta novela la ha bendecido ella, porque fue un milagro que yo llegara a esa mujer sin saber que existía.
P. Mada se convierte en una especie de cronista de su tiempo. ¿Hay en ella un guiño consciente a su vocación periodística?
R. Creo que no. Ella empieza a escribir en los periódicos de casualidad. Empieza a trabajar para un señor que se llama Don Gonzalo en el Palacio de Montiel que escribe en los periódicos y ella escribe para él. Entonces, fue muy casual. Ella no tiene esa vocación de contar las cosas que ve, si de escribirlas, pero no necesariamente en los periódicos, así que no.
P. Muchas de las protagonistas de sus ocho novelas son mujeres que luchan contra lo que se espera de ellas. ¿Siente que está construyendo, libro a libro, una genealogía de heroínas propias?
R. Me encantaría, porque es verdad que novela a novela van apareciendo mujeres que inspiran a otras, ¿no? Y que a mí me inspiraron desde 'Nosotras que lo quisimos todo', que es una novela del año 2015, absolutamente contemporánea. Esa mujer, Beatriz, la protagonista, a mí ya me ayudó a conllevar mi condición de madre con carrera profesional, que es una etiqueta que en sí misma dice muchas cosas. Pero sí, en mis novelas hay mujeres que los lectores me dicen que les inspiran, entonces eso me gusta.
P. Como autora y como comunicadora, ¿cree que hoy las mujeres tienen más voz o simplemente más altavoces?
R. Bueno, tenemos más voz porque no conozco ninguna mujer que se calle y tenemos más altavoces porque estamos presentes. Lo interesante es no dejar de estarlo. Ahora que hay algunas dudas sobre el feminismo 'chupito' y sobre el feminismo llevado al extremo politizado e ideologizado, espero que no demos ni un paso atrás.
P. Si 'Llevará tu nombre' pudiera dejar una sola idea en el lector al cerrar el libro, ¿cuál te gustaría que fuera?
R. Pues a mí me gustaría que el lector que llegara a la última página del libro, cuando lo cerrara, dijera: "Pues yo también voy a luchar por lo mío". Lo que sea, tampoco tenemos que ser dogmáticas, porque además la mujer es compleja. Pero cada una, cada uno, el sueño que tenga, que intente hacerlo realidad porque merece mucho la pena.
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