
Rory McIlroy ha ganado el Masters de Augusta en dos ocasiones.
Los golfistas que han ganado el Masters de Augusta más de una vez son Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger Woods.
Con su victoria, Rory McIlroy se convierte en el cuarto golfista en la historia en ganar el Masters más de una vez.
Rory McIlroy iguala al inglés con el mayor número de títulos de grandes en la era moderna, alcanzando un total de cuatro.

Rory McIlroy gana nuevamente el Masters de Augusta, convirtiéndose en el cuarto golfista en lograrlo tras Nicklaus, Faldo y Tiger. Además, iguala al inglés como el europeo con más títulos de grandes en la era moderna.
Masters de Augusta
El norirlandés repite victoria en el Masters y se convierte en el cuarto golfista que lo logra tras Nicklaus, Faldo y Tiger. Iguala al inglés como el europeo con más grandes de la historia de la era moderna.

Rory McIlroy (36) celebra la victoria en el MastersLAPRESSE
GERARDO RIQUELME
Augusta
01:01CEST
Con la determinación de los elegidos, Rory McIlroy retuvo la chaqueta verde en el Masters. No fue el paseo que dibujaba el viernes cuando tomó seis golpes de ventaja, pero pudo disfrutar del paseo triunfal del hoyo 18, una sensación irrepetible. Su nombre ya está inscrito junto a los de Jack Nicklaus, Nick Faldo y Tiger Woods como uno de los cuatro que consiguió repetir título en el Augusta National.
Ya es, junto al inglés, el golfista europeo con más grandes de la era moderna. Seis. Harry Vardon ganó seis British y un US Open entre 1896 y 1914. “Ganará cinco chaquetas verdes más”, auguró Fred Couples. Alos 36 años el mueble de su vitrina aún necesita ampliarse. Ya es un golfista de época. (Resultados)
La batalla dominical, acompañada por algo de viento, sin que el Augusta National se volviera loco con la preparación del campo, con los greenes lo suficientemente rápidos para exigir tiros precisos e inteligentes, estuvo animada hasta el zarpazo final de Rory.

Rory McIlroy saca de bunker en el hoyo 18LAPRESSE
La primera sacudida tiró al más débil: Sam Burns. Había llegado a coliderar el Masters después de un birdie en el hoyo 1, pero se perdió en los bosques del siguiente, firmó un doble bogey, y ya no compareció más. Como alternativa a los poderosos, a Young, McIlroy, el inagotable Justin Rose y Scheffler, llegó Russell Henley. Ha estado tapado todo el Masters, pero enchufó cuatro aciertos en ocho hoyos y alcanzó el doble dígito bajo par. También rebasó a McIlroy, que era una calamidad en todas sus decisiones en los despertares. En los dos pares 3 del principio había acumulado un doble bogey, lo que le dijo Nicklaus que nunca hiciera, y otro error.
Tras el primer tercio ya estaba a dos golpes de los líderes Young y Rose, que intentaba evitar el dudoso honor de igualar a TomWeiskopf con más subcampeonatos (4) en la historia del Masters. Lo evitó. Fue tercero.
El torneo parecía una competición ciclista. Una escapada en cabeza a relevos. Bogey de Young en el 7; Rose, líder. El inglés acierta con el hoyo en el 9 y sube a -12. Entonces, Birdie y birdie de Rory en el 7, el 8, paso al frente del norirlandés a su rueda. Esta vez, el campeón de 2025 sí cogía calles, una vía más segura para rendir en Augusta.
El título estaba entre esos cinco golfistas porque a Hatton, el único certero del LIV Golf esta semana, le iban a faltar hoyos. Enlazó cuatro birdies consecutivos del hoyo 13 al 16 para llegar al 10 bajo par también. Pero no era suficiente para un competidor fabuloso. La chaqueta se discutiría, en fin, entre los tres primeros del ránking mundial, el 9º y el 12º. Una lucha de altura.
A los nueve hoyos finales, Rose (-12) llegó con un golpe de ventaja sobre Rory, al contrario que el año pasado. Ydos sobre Young y Henley. Scheffler (-9), el más temido, el golfista de la década, se había enfriado desde hacía 9 hoyos. Ya no lograría ningún birdie más hasta el 15. Repitió en el 16. Le faltó terreno.
Fue pisar el Amen Corner —el santuario que en Augusta significan el green del hoyo 11, el hoyo 12 (par 3) y la salida del 13— y el inglés que apadrinó Seve en su día flaqueó. Su divorcio con el Masters se antoja eterno. Enlazó sendos bogeys —muy doloroso el approach del 12 que ni alcanzó el green— y dejó a Rory solo en cabeza.

En aquel lugar, el año pasado, McIlroy puso en serio peligro su Grand Slam. Lo arregló con una maravilla en el 15. Pero esta vez conocía la lección. En las últimas tres semanas ha estado volando casi a diario a Augusta desde Júpiter (Florida) para conocerse hasta el último rincón.
El hoyo 11, después del doble bogey del sábado, lo jugó a la defensiva. Y en el 12, el par 3 de los vientos caóticos que han sido objeto de estudio en el túnel de viento de Western Ontario, plantó la bola a un metro. Abrió un hueco de dos con el resto. En el 13, después de un drive de 319 metros, lo amplió a tres.
Se trataba de no pifiarla. Hizo un bogey sobrado en el 18, antes de echarse las manos a la cabeza y abrazar a Poppy y besar a Erika. Hasta en eso ha mejorado su vida. Gloria eterna a McIlroy, que en 2027 tratará de lograr lo que nadie ha hecho: una tercera conquista.
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