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El Giro de Italia comienza en Bulgaria con 184 corredores y 3.459 kilómetros hasta Roma. Jonas Vingegaard es el gran favorito, pero otros como Bernal y Adam Yates también aspiran al título.
Giro de Italia
El Giro de Italia arranca en Bulgaria con 184 corredores, 3.459 kilómetros hasta Roma y un gran favorito: Jonas Vingegaard. Bernal, Pellizzari, Adam Yates, Derek Gee o Hindley aparecen como los principales aspirantes a discutirle el trono

Los gallos del Giro.
10:18CEST
Los principales aspirantes son Jonas Vingegaard, Bernal, Pellizzari, Adam Yates, Derek Gee y Hindley.
El Giro de Italia 2023 tiene un recorrido de 3.459 kilómetros hasta Roma.
El Giro de Italia 2023 comienza en Bulgaria.
Jonas Vingegaard es considerado el favorito debido a su destacada actuación en competiciones anteriores.
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El Giro empieza lejos de Italia, pero con Italia en la cabeza de todos. Bulgaria abre este viernes la Corsa Rosa con una Grande Partenza entre Nessebar y Burgas, 147 kilómetros de primera toma de contacto, perfil para velocistas y un país entero convertido en puerta de entrada de una carrera que acabará en Roma después de 3.459 kilómetros. En medio, montaña, desgaste, trampas, cronos, emboscadas y esa cualidad que en el Giro suele valer más que un gran día: la regularidad.

El radar de los gallos.R. GIMENO
La maglia rosa sólo puede tener un dueño, aunque en la salida aparezcan 184 candidatos con dorsales, sueños y planes distintos. En realidad, la carrera nace con un nombre escrito en mayúsculas: Jonas Vingegaard. El danés aterriza en Italia con la misión de completar la trilogía de las grandes vueltas. Ya ganó el Tour de Francia y LaVuelta. Le falta el Giro. Y no ha venido a probarse, sino a conquistarlo.

Radar gallos.R. GIMENO
Vingegaard llega con un arranque de temporada casi quirúrgico. Pocas carreras, todas medidas, todas con sentido. París-Niza y Volta a Catalunya fueron sus dos grandes estaciones antes de Bulgaria y ambas terminaron con victoria. En el Visma | Lease a Bike insisten en que su preparación ha sido impecable. Él mismo ha deslizado que maneja los mejores números de su carrera. Sin Pogacar en la salida, la presión cambia de forma: desaparece el rival total, pero se multiplica la obligación. El Giro le mira como al hombre a batir desde el primer día.
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Su radar lo explica casi todo: montaña muy alta, equipo sólido, regularidad de campeón y una contrarreloj suficientemente competitiva para no quedar expuesto. El sprint, claro, no importa. A Vingegaard no se le pide ganar bonificaciones en llegadas nerviosas, sino no fallar nunca. Y en una grande de tres semanas, eso es casi un superpoder.
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Detrás aparece Egan Bernal, que vuelve al Giro con la memoria de 2021 y la paciencia de quien ha tenido que reconstruirse pieza a pieza. El colombiano no ha vuelto al podio de una grande desde aquella victoria que le coronó en Italia antes del gravísimo accidente de tráfico que cambió su carrera. Ahora regresa con otro cuerpo, otra madurez y una forma que invita a creer. Fue séptimo el año pasado y viene de ser quinto en Lieja, una señal poderosa para un corredor que siempre ha encontrado en la montaña su idioma natural.
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Bernal compartirá liderazgo en INEOS Grenadiers con Thymen Arensman, pero su sola presencia mueve emocionalmente la carrera. Porque el Giro también se corre con memoria. Y pocos relatos pesan tanto como el del Cóndor de Zipaquirá intentando volver al lugar donde fue feliz. Su radiografía dibuja un corredor fuerte en montaña, con buena regularidad, competitivo en media montaña y con una contrarreloj que puede condicionar sus opciones. Para ganar quizá necesite algo más que solidez. Para volver al podio, en cambio, tiene argumentos.
Italia, mientras tanto, mira a Giulio Pellizzari. El corredor de San Severino Marche ya no es sólo una promesa simpática ni un escalador de futuro. Es una realidad. Sexto en el Giro del año pasado, también sexto en LaVuelta 2025 y reciente ganador del Tour de los Alpes, representa la gran esperanza local en una carrera que no ve ganar a un italiano desde Vincenzo Nibali en 2016. La espera empieza a doler.
Pellizzari compartirá galones en Red Bull-BORA-hansgrohe con Jai Hindley, campeón del Giro en 2022, pero el italiano llega con una fiabilidad que le coloca en el primer plano. Este curso ha sido podio en la Volta a la Comunitat Valenciana, la Tirreno-Adriático y el Tour de los Alpes. No hay fuegos artificiales vacíos ahí, sino una línea de crecimiento muy seria. Su gráfico muestra un corredor muy completo para la montaña y la media montaña, arropado por un equipo potente y con una regularidad ya contrastada. La gran pregunta será la crono. Y la otra, más pesada: cómo se gestiona correr en casa cuando todo un país empuja desde la cuneta.
Adam Yates aparece como la respuesta de UAE Team Emirates XRG tras la baja de Joao Almeida. Sin Pogacar y sin Almeida, la estructura emiratí deposita sus esperanzas en un veterano de 33 años que sabe moverse en las grandes vueltas, que ya estuvo en el Giro el año pasado y que llega con O Gran Camiño bajo el brazo. Su hermano Simon ganó la edición de 2025 en una carrera histórica. Adam quiere ahora escribir su propia versión.
No tiene el aura de Vingegaard ni el magnetismo sentimental de Bernal, pero sí oficio, piernas y una forma de competir que incomoda cuando la carrera se vuelve áspera. Su radar habla de montaña notable, buen equipo, regularidad suficiente y una media montaña en la que puede hacer daño. En una carrera tan larga, a veces el veterano que no hace ruido durante diez días termina apareciendo cuando otros ya han gastado demasiado.
Derek Gee es otro de los nombres que el Giro entiende bien. El canadiense no llegó a la Corsa Rosa como un predestinado, pero la carrera le adoptó en 2023, cuando atacó casi cada día y terminó con cuatro segundos puestos de etapa, dos cuartos, segundo en la clasificación por puntos y segundo en la montaña. Aquel Giro le cambió la vida. Después, la evolución fue natural: top 10 en el Tour y cuarto en el Giro de 2025, a sólo 1:40 del podio.
Ahora vuelve con una ambición distinta. Ya no es el aventurero sin cadenas que entra en todas las fugas. Es un hombre de general. Eso resta libertad, pero aumenta la recompensa. Gee lo ha asumido: el sueño es el podio. No renunciaría a repetir el cuarto puesto, pero sabe que el siguiente escalón está ahí, al alcance de una carrera perfecta. En su radar destaca la regularidad, la media montaña y una contrarreloj útil para sostener sus opciones. Quizá no sea el más explosivo, pero en el Giro conviene no confundir discreción con debilidad.
El Giro, sin embargo, rara vez respeta los guiones. Sale Vingegaard como favorito porque casi todo apunta hacia él: nivel, experiencia, equipo, hambre y una preparación sin fisuras. Pero la Corsa Rosa tiene una forma muy particular de romper certezas. Puede hacerlo con la meteorología, con una caída, con una jornada de media montaña aparentemente menor o con una crisis que aparece sin pedir permiso. En el Tour casi siempre gana el más fuerte. En el Giro, además, tiene que sobrevivir el más lúcido.
Por eso la carrera no se reduce a un nombre. Vingegaard busca completar su colección. Bernal persigue una segunda vida. Pellizzari carga con la esperanza italiana. Yates quiere sostener el honor emiratí. Gee sueña con terminar lo que empezó. Hindley y Arensman esperan su oportunidad desde un segundo plano que puede volverse protagonista.
Bulgaria dará la salida. Roma dictará sentencia. Entre una y otra, tres semanas para separar los buenos gráficos de las piernas verdaderas. Porque en el Giro la maglia rosa no se gana en una radiografía. Se conquista día a día, puerto a puerto, susto a susto. Y este año, más que nunca, todos saldrán mirando al mismo hombre.
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