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Cicinho, exjugador del Real Madrid, reveló haber consumido 70 cervezas y 15 caipiriñas en un solo día en Roma. Habla sobre su adicción y cómo su esposa y la fe lo ayudaron a recuperarse.
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Real Madrid
El exlateral brasileño repasó su adicción, las noches en Madrid y Roma y cómo logró salir del pozo gracias a su esposa y la fe

Cicinho, en una imagen d archivo.X
11:03CEST
Cicinho consumió 70 cervezas y 15 caipiriñas en un solo día en Roma.
La esposa de Cicinho jugó un papel crucial en su recuperación de la adicción.
Cicinho superó su adicción gracias al apoyo de su esposa y su fe.
Cicinho también jugó en otros clubes, pero es más conocido por su tiempo en el Real Madrid.

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São Paulo, Madrid, Roma... La carrera de Cicinho pasó por algunas de las grandes plazas del fútbol mundial, con camisetas de peso y estadios que muchos sólo sueñan. Bajo esa postal, el brasileño convivió durante años con una adicción al alcohol que, según confesó a La Gazzetta dello Sport, arrancó cuando tenía apenas 13 años.
El exdefensor vive hoy en Brasil, trabaja como comentarista de televisión y lleva casi quince años sin beber alcohol. En ese camino, explica, fueron decisivos el apoyo de su esposa y una vida espiritual que ahora le acerca a convertirse en pastor evangélico. “Creo profundamente en Dios: Él te ayuda a purificarte del mal. Me autodestruí con el alcohol. Todo empezó a los 13 años, en una fiesta con amigos. Probé la cerveza y me enamoré de ella como si fuera una mujer. Cuanto mayor me hacía, más bebía”.
La bebida y las fiestas estuvieron presentes desde muy pronto en su rutina de futbolista. “Cuando llegué a Botafogo en 2001, bebía veinte cervezas y diez caipiriñas al día. A los 17, incluso empecé a fumar cigarrillos. Pero así vivía el fútbol: quería llegar a la cima, ganar mucho dinero y divertirme”.
El Real Madrid, donde jugó entre 2005 y 2007, tampoco frenó esa deriva. Cicinho aterrizó en el Bernabéu como una apuesta de futuro para el lateral derecho, pero su vida fuera del campo seguía otra velocidad. “Peor aún. Me contrataron para ser el nuevo Michel Salgado, y pensé: ‘Perfecto, ahora puedo irme de fiesta para siempre’. Compré coches, ropa y organizaba fiestas en casa. Casi nunca salía porque en Madrid había paparazzi por todas partes. Así que bebía en mi villa con mis amigos. Siempre estaba en casa. Me acostaba a las cuatro de la mañana y ya estaba borracho en el entrenamiento a las ocho. Antes de salir, tomaba tres o cuatro cafés y me fumaba un paquete de cigarrillos para disimular el olor a alcohol. Y en el campo, también era muy bueno. Ni siquiera Capello sospechaba nada”.
Roma y el regreso al exceso
Luego apareció Totti. Una llamada que abrió la puerta de la Roma y otra etapa de brillo futbolístico, aunque los problemas siguieron dentro de casa. “Me dijo: ‘Nosotros somos los Galácticos, ven aquí’. Me llevaba de maravilla con Spalletti y jugaba mucho. Luego, en 2009, me volví a lesionar la rodilla y recaí en los excesos. Fue entonces cuando me di cuenta de que sufría de depresión, aunque no quería admitirlo en ese momento”.
En la capital italiana, Cicinho llegó a poner una cifra brutal a sus excesos. “En Roma, batí un récord: 70 cervezas y 15 caipiriñas en un solo día. Además de dos paquetes de cigarrillos. Odiaba dormir; solo quería estar de fiesta en casa con mis amigos. Todo fue gracias a mi esposa: cuando regresé a Brasil en 2012, fui a terapia con su ayuda. Redescubrí el sentido de la vida y ahora soy feliz”.
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