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Jon Pablo Montoia, un bombero navarro que quedó parapléjico tras un accidente de escalada, vuelve a sentirse libre en el desierto con su handbike en la Skoda Titan Desert Morocco.
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Tras un accidente de escalada que le dejó parapléjico, el bombero navarro encuentra en la
handbike una forma de volver al deporte extremo en la Skoda Titan Desert Morocco

El navarro, bien rodeado.
15:22CEST
Jon Pablo Montoia es un bombero navarro que quedó parapléjico tras un accidente de escalada.
La Skoda Titan Desert Morocco es una competición de ciclismo en el desierto que atrae a deportistas extremos.
La handbike le ha permitido a Jon Pablo Montoia volver a practicar deportes extremos y sentirse libre nuevamente.
Jon Pablo Montoia enfrenta desafíos físicos y emocionales al competir en un entorno extremo tras su accidente.

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Jon Pablo Montoia, navarro de 48 años y padre de dos hijos, es integrante del equipo más numeroso del KH-7, hasta 56 participantes, de los que dos compiten en Handbike. Siempre ha sido una persona de montaña. Bombero del grupo de rescate durante años, su vida giraba en torno a la actividad física hasta que en 2021 sufrió un accidente escalando que le dejó parapléjico.
Los que han tenido la suerte de viajar a Marruecos y moverse por rincones más recónditos del Atlas o Sahara saben que nada es fácil en esas zonas remotas, y menos la movilidad, más allá de alguna zona asfaltada, las menos. Sin ir más lejos, en la primera etapa de la Skoda Titan Desert Morocco 2026 disputada el 26 de abril la corriente de un río casi se lleva hacia el Atlántico a nuestro protagonista cuando intentaban cruzarlo.

©MartaBacardit
El puente improvisado con dos tablones les hacía imposible cruzar por él, así que Montoia y su compañero Iñaki Mújica, que también participa en handbike, lo intentaron por el sitio dónde lo vadeaban los 4x4. Montoia volcó y varios compañeros de KH-7 que lo habían asegurado consiguieron guiarlo hasta la otra orilla. Todo quedó en un susto superado gracias a una super labor de equipo. Entre ellos y también enfundado en mallas su traumatólogo de la Clinica Guttmann Alex del Arco, artífice en buena parte de la presencia de Jon e Iñaki en el evento.
“Era bombero de Navarra y tuve un accidente escalando con tan mala suerte me quedé parapléjico”, explica de manera clara y directa una vez acabada la primera jornada. Desde entonces, lejos de renunciar a ese estilo de vida, ha encontrado en la bicicleta adaptada, también llamada handbike, una gran manera de seguir activo. “Siempre he sido una persona muy activa, antes hacía un poco de todo a nivel deportivo”, asegura.
Ese espíritu es el que le ha llevado con el equipo KH-7 hasta la Skoda Titan Desert Morocco. Una carrera que, a priori, estaba fuera de su alcance. “En un principio parecía todo un poco loco, incluso a mí”, reconoce. Pero detrás del proyecto, impulsado desde la Fundación Guttmann con el apoyo de KH-7 y a través de la iniciativa Titan Life de la propia organización, había una idea clara: “intentarlo; analizar cada obstáculo, buscar soluciones y no dar nada por imposible”, concluye Montoia.
Su primera participación, en la edición de 2025, fue una exploración. Ni siquiera la organización capitaneada por la empresa RPM tenía claro cómo encajar su participación. “Con su experiencia, más de 20 ediciones, veían directamente que íbamos a tener muchos problemas y no tenían claro si podrían asistirnos en todo lo que podía acontecer”.
Sin embargo, les permitieron participar y Montoia y su equipo fueron resolviendo cada dificultad hasta completar la prueba y conseguir el preciado trofeo fósil de finishers. Aquella llegada en la sexta y última etapa significó mucho más que terminar una carrera: “Fue un acto de fe convertido en realidad”.
En esta edición de 2026 ha vuelto con una intención distinta: normalizar la presencia de deportistas con handbike en este tipo de eventos. “Mi idea es que nuestra participación no sea una barbaridad o algo extraordinario”. La Skoda Titan Desert Morocco deja de ser una excepción para convertirse en un espacio donde también pueden participar, aunque de momento lo hacen fuera de competición.
Parte de ese camino pasa por la tecnología. Su handbike es eléctrica e incorpora tracción trasera y un sistema de balanceo lateral que le permite adaptarse mejor al terreno. Aun así, las limitaciones son evidentes. “La bicicleta pesa 50 kilos y la estamos moviendo con los brazos”. Sin asistencia eléctrica, competir sería inviable. Pero con el motor sucede algo clave: “Puedo salir con la misma gente y al mismo ritmo que antes del accidente”. No se trata de que le acompañen, sino de formar parte del grupo.
En la Titan Desert, cada etapa es una lección de adaptación. Terrenos irregulares, obstáculos inesperados, pasos complicados se suceden a lo largo de las 6 etapas, que suman 580 km y algo más de 6.000 m de desnivel positivo acumulado. Situaciones que ya son exigentes para cualquier ciclista, pero que en su caso requieren decisiones constantes. Así las cosas, lo vive con naturalidad e incluso humor: “Hoy hemos tenido aventurilla… he bebido más agua de la cuenta”, dice sobre su chapuzón en el río.
Más allá de la dificultad, lo que realmente le mueve es la experiencia. “Yo me lo paso teta”, resume sin rodeos. Dormir en el desierto, competir durante seis días, recuperar sensaciones que pensaba pérdidas. “Es algo que pensaba que no iba a volver a hacer nunca… y qué más se puede pedir que estar aquí y disfrutar”.
La handbike le devuelve algo que fuera de ella no siempre es fácil: ritmo y autonomía. En carrera, el terreno deja de ser una barrera constante. “En la handbike vas como un tiro”.
Montoia no busca épica ni etiquetas. Su historia no necesita exageraciones. Es, simplemente, la de alguien que ha decidido seguir haciendo lo que le gusta, adaptándose a una nueva realidad. Y en ese camino, casi sin proponérselo, demuestra algo mucho más potente: que los límites no siempre están donde parece.
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