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El Lincoln City y las claves de un 'milagro': “Puedes comprar todos los datos, pero se trata de qué haces con ellos”

Marca1h ago19 min readOriginal source →
El Lincoln City y las claves de un 'milagro': “Puedes comprar todos los datos, pero se trata de qué haces con ellos”

TL;DR

El Lincoln City ha logrado ascender al Championship 65 años después utilizando inteligencia artificial y un enfoque único. El club destaca por su identidad y metodología, desafiando las expectativas financieras del fútbol.

Key points

  • El Lincoln City ascendió al Championship después de 65 años.
  • El club utiliza inteligencia artificial en su metodología.
  • Destacan la importancia de la cultura y la identidad del club.
  • El éxito se basa en cómo se utilizan los datos, no solo en comprarlos.
Lincoln CityChampionship

Fútbol

El Lincoln City y las claves de un 'milagro': “Puedes comprar todos los datos, pero se trata de qué haces con ellos”

El método, la inteligencia artificial y la cultura de un club que desafió al dinero para volver al Championship 65 años después sin traicionar su identidad: los principales protagonistas dan en MARCA las claves de la gesta

El Lincoln City, el club que subió al Championship sin copiar a nadie.
El Lincoln City, el club que subió al Championship sin copiar a nadie.

El Lincoln City, el club que subió al Championship sin copiar a nadie.

  • NACHO LABARGA

Actualizado 04/05/2026

06:51CEST

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El Lincoln City no subió al Championship por accidente, ni por una sacudida de dinero, ni por una fiebre de gasto, ni por dejarse arrastrar por la última corriente del fútbol moderno, ese deporte que cada temporada descubre una palabra nueva para explicar cosas viejas. Lincoln subió por algo menos brillante y bastante más difícil: por su curioso método. 

Por una idea repetida hasta convertirse en costumbre, por una cultura que no nació en la pizarra del sábado sino en los despachos, en los entrenamientos, en el análisis, en la manera de mirar el club y en una convicción sencilla de decir y compleja de sostener: saber quién eres, alinear a todos en torno a esa identidad y comprometerte de verdad con aquello que puede hacerte distinto.

Michael Skubala, entrenador del Lincoln City.
Michael Skubala, entrenador del Lincoln City.

Michael Skubala, entrenador del Lincoln City.Chris Vaughan Photography for Lincoln City FC

La historia tiene algo de cuento inglés, pero sin azúcar. Una ciudad medieval, con castillo, catedral y esa belleza sobria de los lugares que no necesitan gritar para existir. Un club que no compite en su territorio con otro gran deporte profesional, un estadio que funciona como punto de reunión y una afición que no acompaña al equipo como quien consume un producto, sino como quien protege una parte de sí mismo. Michael Skubala, el entrenador que ha llevado al Lincoln al ascenso, lo explica a MARCA desde esa raíz: el club “es adorado dentro de la zona” porque Lincoln “es una ciudad muy hermosa, muy inglesa, con castillo, catedral y ciudad medieval”. Allí, el sábado no es solo el día en que rueda la pelota. Es el día en que la ciudad se reconoce.

Una imagen del Lincoln City.
Una imagen del Lincoln City.

Una imagen del Lincoln City.Chris Vaughan Photography for Lincoln City FC

El Lincoln acaba de lograr el ascenso al Championship por primera vez en 65 años después de una temporada descomunal, con Skubala elegido mejor entrenador de la League One y una racha de 29 partidos sin perder que terminó de envolver la historia en apariencia de milagro. Pero dentro del club no hablan de milagros, quizá porque los milagros quedan muy bien en los titulares y bastante peor en los planes de trabajo. Hablan de estrategia, de paciencia, de estructura, de cultura, de una palabra que aparece una y otra vez como si fuera el cemento invisible del proyecto: alineación.

Liam Scully, dirigente del Lincoln City.
Liam Scully, dirigente del Lincoln City.

Liam Scully, dirigente del Lincoln City.Chris Vaughan Photography for Lincoln City FC

“Tenemos tres fases: filosofía, entendimiento, alineación y compromiso”, explica Liam Scully, CEO del club, a MARCA. “Primero, diseñar una estrategia y una estructura para ayudar a lograr el éxito. Después, asegurarnos de que todos entienden su rol y por qué hacemos las cosas. Y el último componente siempre ha sido el compromiso absoluto”. Ahí está el corazón del Lincoln. No tanto en lo que se ve el finde, cuando el estadio aprieta y los goles ordenan el relato, sino en todo lo que ocurre lejos de la grada: el lunes que no sale en televisión, el martes de repetición, el miércoles de detalle, el jueves de ajuste, el viernes de convicción. El éxito, para ellos, no fue un fogonazo. Fue una suma.

Michael Skubala, míster del Lincoln City.
Michael Skubala, míster del Lincoln City.

Michael Skubala, míster del Lincoln City.Chris Vaughan Photography for Lincoln City FC

Lincoln no tenía uno de los grandes presupuestos de la categoría. Según la información manejada por el propio club, su plantilla estaba entre las ocho de menor coste de la League One, ese territorio donde el dinero no siempre garantiza la gloria pero casi siempre compra margen de error. Y el Lincoln, que no tenía tanto margen, decidió no desperdiciar ni un centímetro. Ganó la liga, convenció, creció y se plantó en el Championship con una autoridad que normalmente no se concede a los modestos, como si hubiera recordado al fútbol que el orden económico explica muchas cosas, pero no todas. “Si miras los recursos de Lincoln, no es un gran club en la League One. No es un gran club en el fútbol inglés comparado con otros equipos muy grandes. Pero es un club muy bien dirigido”, resume Skubala. “Puede demostrar que incluso si no tienes el mayor presupuesto puedes tener éxito. Desde la estrategia, el rendimiento, el reclutamiento… Si todo está alineado, puedes ir más rápido”.

Liam, durante un acto.
Liam, durante un acto.

Liam, durante un acto.

Esa palabra vuelve como un estribillo: alineación. En el despacho y en el vestuario. En el campo y en la sala de análisis. En el reclutamiento y en la forma de entrenar. Lincoln no intentó vencer a todos en todas las batallas, porque sabía que ahí perdería por acumulación. Eligió sus guerras. Buscó los espacios donde el dinero de los demás pesaba menos que su propia inteligencia. Y en esa búsqueda apareció una de las grandes claves del modelo: las acciones a balón parado. Mientras medio fútbol se obsesionaba con la salida limpia, el primer pase, el central abierto y el portero convertido en centrocampista, Lincoln miró hacia otra parte. O, mejor dicho, miró donde todos miraban sin ver del todo.

Lincoln es una ciudad muy hermosa, muy inglesa, con castillo, catedral y ciudad medieval

Michael Skubala, a MARCA

Skubala lo cuenta con una claridad casi incómoda: “Lo sexy es centrarse en construir desde atrás. Pero quizá solo tienes seis reinicios por partido desde el portero. Tienes 50 saques de banda. Siete o diez córners. Entonces, ¿dónde pones tus fichas? Un tercio de los goles vienen de acciones a balón parado en todos los niveles”. Lincoln puso ahí sus fichas. Y ganó. No porque despreciara el juego, sino porque entendió que el juego también vive en las interrupciones, en los saques de banda, en los córners, en los bloqueos, en los segundos balones, en ese barro táctico que a veces decide más que una posesión interminable y preciosa.

Michael Skubala, en la ciudad de entrenamiento del equipo.
Michael Skubala, en la ciudad de entrenamiento del equipo.

Michael Skubala, en la ciudad de entrenamiento del equipo.Chris Vaughan Photography for Lincoln City FC

El club trabajó con inteligencia artificial para analizar y optimizar sus jugadas de estrategia, pero en Lincoln nadie confunde la herramienta con el oficio. La tecnología no salta más que el central, no ataca el primer palo, no pone el cuerpo en el área pequeña, no tiene hambre en un rechace. El dato señala caminos; el entrenador los convierte en hábitos. El algoritmo puede descubrir una ventaja; el equipo tiene que repetirla hasta hacerla carne. “Puedes comprar todos los datos, pero se trata de qué haces con ellos”, señala Skubala. “Nosotros diseñamos un plan contra cada rival y luego lo trabajamos. Hacemos entregas de balón parado tres o cuatro veces por semana para maximizarlo”.

Es el único equipo profesional de la ciudad. Todo el mundo está muy orgulloso del club

Michael Skubala, a MARCA

Scully va incluso más allá, porque para él la innovación no consiste en comprar la misma plataforma que puede comprar tu rival y presumir de modernidad en una presentación. Innovar, en Lincoln, es construir un ecosistema propio, ordenar los datos según tus preguntas y no según las preguntas de la industria, mirar menos el catálogo y más la necesidad real del club. “Una de las cosas que queríamos hacer era emplear a nuestros propios científicos de datos y entender cuáles eran las cosas que iban a marcar la mayor diferencia. Después construimos un modelo de juego y una estructura de reclutamiento alrededor de esos puntos”. Lincoln no quería tener más datos. Quería tener mejores preguntas. Y esa diferencia, en un fútbol inundado de números, puede valer un ascenso.

Una imagen de esta campaña.
Una imagen de esta campaña.

Una imagen de esta campaña.

También por eso Lincoln no tuvo miedo a ser raro. A jugar con menos posesión. A ir contra la tendencia. A asumir que no necesitaba parecerse a nadie para tener éxito. En una época en la que muchos equipos pequeños copian el lenguaje de los grandes antes incluso de tener sus herramientas, Lincoln decidió no disfrazarse. Scully lo resume con una idea poderosa: “La decisión estratégica más importante fue comprometernos a ser nosotros mismos y hacerlo a nuestra manera. No preocuparnos por lo que está de moda, por lo que es tendencia o por lo que hacen los demás”. El ejemplo más gráfico lo da él mismo: Lincoln ascendió con la menor posesión de la división. En un fútbol donde la posesión se ha convertido muchas veces en argumento estético, casi en certificado de modernidad, Lincoln hizo una pregunta bastante más incómoda: ¿sirve para ganar?

Si miras los recursos de Lincoln, no es un gran club en la League One ni en el fútbol inglés, pero es un club muy bien dirigido

Michael Skubala, a MARCA

El método también se entiende desde el banquillo, porque Michael Skubala no responde al perfil clásico del entrenador inglés. No fue una vieja gloria que bajó del césped al área técnica con la autoridad del nombre. Viene del ámbito educativo, trabajó en la Federación Inglesa, dirigió la selección inglesa de fútbol sala y pasó por el Leeds, donde convivió con Jesse Marsch, Javi Gracia y Víctor Orta. Fue acumulando mundos distintos, lenguajes distintos, vestuarios distintos, hasta formar una mirada propia. “He tenido muchas experiencias diferentes en el fútbol”, cuenta a este medio. “A veces necesitas experiencias diferentes para tener éxito en la gestión. Tener una sola experiencia no siempre es lo mejor. Todo eso me ha ayudado a desarrollar una cultura ganadora muy fuerte en Lincoln”.

Tenemos una identidad muy clara, pero también flexibilidad táctica dentro de nuestros principios

Michael Skubala, a MARCA

Su Lincoln juega con principios claros, pero no con rigidez. Tiene identidad, pero no dogma. Tiene una idea, pero no una cárcel. “Tenemos nuestra identidad muy clara, pero también flexibilidad táctica dentro de nuestros principios”, explica Skubala. “No queremos ganar de una sola manera todo el tiempo”. Esa flexibilidad fue clave en una temporada que empezó con ambición y terminó con fe, porque todos los cursos que desembocan en algo grande suelen tener un día en que el vestuario se mira y comprende que la historia ya no va solo de competir bien. Skubala sitúa ese punto en algunos partidos de la campaña, cuando el equipo empezó a verse de verdad arriba. “Siempre hay momentos en una temporada en los que crees que puedes hacer algo especial”, recuerda. Lincoln lo creyó, lo trabajó y lo hizo.

Un tercio de los goles vienen de acciones a balón parado en todos los niveles

Michael Skubala, a MARCA

Detrás del entrenador, sin embargo, hay una estructura que llevaba años cocinándose a fuego lento. Scully llegó en 2017, cuando el club acababa de regresar a la EFL desde el fútbol no profesional. Desde entonces, Lincoln ha pasado de reconstruirse a mirar al Championship sin romperse por el camino. Él no lo vende como una historia de prisa, sino como una historia de paciencia. “Siempre fue nuestra visión y nuestro deseo llegar a este nivel”, afirma. “Sabíamos que tardaría mucho, pero siempre ha sido una ambición y un objetivo que diseñamos nosotros mismos”. La frase tiene algo importante: diseñamos nosotros mismos. No importaron el ruido, la moda ni la ansiedad ajena. El plan tenía que tener acento Lincoln.

La tecnología está en toda la sociedad y debe ser usada, pero cómo la traduces al césped es lo más importante

Michael Skubala, a MARCA

El CEO habla mucho de una filosofía que en el club se ha convertido en forma de gobierno: ganar y desarrollar. En muchos lugares, esas dos palabras se presentan como enemigas, como si ganar hoy obligara a hipotecar mañana o como si desarrollar para el futuro exigiera resignarse en el presente. Lincoln decidió no aceptar esa trampa. “Creemos que las dos cosas trabajan juntas”, defiende Scully. 

Un fan, durante una cita del Lincoln.
Un fan, durante una cita del Lincoln.

Un fan, durante una cita del Lincoln.

**“Tenemos que ser ganadores, tenemos que ganar. Pero eso no significa que no intentemos desarrollar jugadores, desarrollar el equipo y desarrollar la infraestructura. Luchamos contra el concepto de ganar o desarrollar”, añade.**Ese modelo se refleja en decisiones concretas: apostar por el cuerpo técnico, invertir en rendimiento, cuidar el físico de los jugadores, abrir mercados de reclutamiento menos explotados, vender futbolistas para seguir creciendo y entender que cada euro debe regresar al club convertido en valor.

La afición, animando.
La afición, animando.

La afición, animando.

Lincoln no compra un Ferrari para dejarlo sin ajustar, como explicó Scully en Sky Sports, y esa imagen resume bastante bien la filosofía de una entidad que no puede permitirse el lujo de desperdiciar talento. Si tienes un jugador, debes pulirlo. Si tienes una idea, debes entrenarla. Si tienes pocos recursos, debes exprimirlos sin quemarlos. Si no puedes competir en gasto, tienes que competir en inteligencia. El Lincoln no quiso parecer grande gastando como si lo fuera; prefirió comportarse como un club adulto, consciente de sus límites y orgulloso de su método.

Rastreando ventajas en cualquier rincón

Por eso el club también ha abierto la puerta a la innovación fuera del campo. Lincoln cuenta con una figura poco habitual en el fútbol europeo: un director de crecimiento e innovación. Su misión es rastrear ventajas en cualquier rincón, desde la nutrición hasta el sueño, desde la tecnología hasta el comportamiento, desde la psicología hasta la iluminación del vestuario, desde el rendimiento deportivo hasta el valor comercial. “Puede mirar cosas como la nutrición, el sueño, los teléfonos, los científicos de comportamiento, los psicólogos… Todas esas pequeñas cosas que nos pueden mejorar”, explica Skubala. “La tecnología está en toda la sociedad y debe ser usada. Pero cómo la traduces al césped es lo más importante”.

Tenemos que ser ganadores, tenemos que ganar. Pero eso no significa que no intentemos desarrollar jugadores, desarrollar el equipo y desarrollar la infraestructura

Liam Scully, a MARCA

Ahí aparece una tensión inevitable, casi filosófica: ¿puede el exceso de datos matar la espontaneidad? ¿Puede tanto control apagar esa parte indomable que todavía hace del fútbol un juego y no solo un sistema? Skubala no esquiva la pregunta. “Creo que hay un peligro. Puedes perder creatividad y espontaneidad. En algunas maneras puede destruir a jugadores muy talentosos que antes no hubieran sido destruidos. Tiene que haber equilibrio. No puedes perder la creatividad, pero tienes que usar la tecnología para hacerte mejor”. Ese equilibrio explica al Lincoln mejor que cualquier gráfico: ciencia sin deshumanizar, datos sin apagar el instinto, método sin matar la emoción.

No preocuparnos por lo que está de moda, por lo que es tendencia o por lo que hacen los demás

Liam Scully, a MARCA

El crecimiento del club también tiene una pata internacional. Ron Fowler, antiguo propietario de los San Diego Padres, ha aportado visión desde el deporte profesional estadounidense. Landon Donovan, una de las figuras más reconocibles del fútbol norteamericano, ejerce como asesor. No como adorno, según Scully, sino como apoyo real, como alguien capaz de escuchar, preguntar y confirmar desde la experiencia si el camino tiene sentido. “Landon está ahí como una mesa de sonido, para dar opinión y consejos”, explica el CEO. “Ha jugado al más alto nivel y nos ha dado confianza sobre cosas que estamos haciendo bien. Es un buen confidante, un buen amigo y un gran apoyo”. Fowler, por su parte, ha elevado el listón del club: “Ha estado en lo más alto del negocio del deporte. Sabe lo que se necesita para gestionar las mejores organizaciones deportivas del mundo. Ha elevado nuestros estándares y nos ha mostrado cómo se ve el nivel más alto”.

La decisión estratégica más importante fue comprometernos a ser nosotros mismos y hacerlo a nuestra manera

Liam Scully, a MARCA

Pero Lincoln no quiere convertirse en otra cosa. Esa es otra de sus obsesiones: crecer sin perderse, avanzar sin disfrazarse, subir sin dejar la ciudad abajo. La identidad local no es un decorado para los días importantes, sino una parte esencial del proyecto. “La identidad la proponen los aficionados”, sostiene Scully. “Nosotros somos custodios del club. Nuestro trabajo es mostrar respeto y apoyar lo que la ciudad siente como suyo”. Esa idea, tan sencilla y tan poco frecuente, protege al Lincoln de la tentación de creerse más que el lugar del que viene. Porque el club ha crecido, sí, pero sigue perteneciendo a una ciudad que lo empuja y lo vigila, que lo celebra y lo aterriza.

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El ascenso cambia el escenario. El Championship no es solo una categoría más, sino una liga global, carísima, feroz, con estructuras, presupuestos y plantillas que obligarán al Lincoln a adaptar muchas cosas sin tocar las esenciales. Scully lo explica con una comparación muy gráfica: “No estamos subiendo una división, estamos subiendo muchas ligas en términos de nivel”. Skubala lo tiene igual de claro y lo formula sin complejo: “No vamos allí como turistas. Vamos allí para competir. El siguiente reto realista es convertirnos en un club estable y competitivo que pueda luchar en el Championship”.

Tenemos tres fases: filosofía, entendimiento, alineación y compromiso

Liam Scully, a MARCA

Ese será el nuevo examen. Ya no bastará con sorprender, porque el primer golpe de un recién llegado suele tener algo de impulso y algo de misterio. Habrá que sostenerse, habrá que competir cada semana contra clubes con más músculo, más ingresos y más costumbre de vivir arriba. Habrá que cambiar lo necesario y proteger lo imprescindible. “Tenemos que adaptarnos”, admite Scully. “Pero todavía tendremos nuestra identidad. Seguiremos trabajando duro y jugando en un estadio lleno y vibrante. Eso no cambiará”. La frase suena a promesa, pero también a advertencia: Lincoln aceptará el reto del Championship, no sus disfraces.

El equipo que no copió a nadie

La tentación, después de una temporada así, sería pensar que el club ha encontrado una fórmula secreta, una receta exportable, un código que otros podrían copiar en una libreta. Scully rechaza esa vanidad con la misma firmeza con la que defiende el método. “No creemos que hayamos roto el código del fútbol. No creemos que hayamos encontrado algo que nadie ha encontrado. Hemos hecho un buen trabajo para Lincoln. Hemos sido nosotros mismos”. Quizá ahí esté la lección más poderosa. No en copiar al Lincoln, sino en entender por qué Lincoln no copió a nadie.

Sabíamos que tardaría mucho, pero siempre ha sido una ambición y un objetivo que diseñamos nosotros mismos

Liam Scully, a MARCA

Un club que volvió a la EFL en 2017, que diseñó una estructura, que apostó por la sostenibilidad, que aceptó vender para crecer, que encontró ventajas en el balón parado, en los datos, en la cultura diaria y en la humildad, que convirtió la alineación interna en una herramienta competitiva y que ascendió al Championship sin renunciar a su ciudad, a su gente ni a su forma de mirar el fútbol. Lincoln no llegó hasta aquí porque se creyera más grande de lo que era, sino porque decidió ser la mejor versión posible de lo que ya era.

Una imagen celebrando el título.
Una imagen celebrando el título.

Una imagen celebrando el título.

Cuando Scully imagina cómo se recordará esta época, no quiere que sea una postal congelada ni una hazaña para contar con nostalgia durante medio siglo. Quiere que sea una puerta. “Espero que este equipo sea respetado como uno de los grandes equipos de la historia del Lincoln City. Pero también espero que no pasen otros 50 años antes de hablar del próximo gran equipo”. Lincoln ya tiene su gran equipo. Ahora quiere tener futuro. Y lo quiere a su manera.


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Q&A

¿Cómo logró el Lincoln City ascender al Championship?

El Lincoln City ascendió al Championship utilizando inteligencia artificial y un enfoque innovador en su metodología.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que el Lincoln City estuvo en el Championship?

Han pasado 65 años desde que el Lincoln City estuvo en el Championship.

¿Qué papel juega la cultura del club en el éxito del Lincoln City?

La cultura del club es fundamental, ya que el Lincoln City ha mantenido su identidad mientras desafía las expectativas financieras del fútbol.

¿Qué importancia tiene el uso de datos en el éxito del Lincoln City?

El uso de datos es crucial, pero el club enfatiza que no solo se trata de comprarlos, sino de cómo se utilizan para lograr el éxito.

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