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Carlos, socio del Rayo, ha organizado dos vuelos chárter para llevar a los aficionados a la final de Leipzig. Los planes incluyen escalas y noches de hotel complicadas.
Rayo
Carlos, socio del Rayo, ha organizado dos vuelos chárter para llevar al rayismo a la final de Leipzig tras planes plagados de escalas, noches de hotel y conexiones imposibles

El fondo de animación en Vallecas.CHEMA REY
22:07CEST
Carlos, un socio del Rayo, es quien ha organizado los vuelos chárter.
Se han organizado dos vuelos chárter para llevar a los aficionados a la final.
Los aficionados enfrentan planes con escalas, noches de hotel y conexiones complicadas.
El Rayo se describe como un 'barco a la deriva' en su camino hacia la final.

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Carlos Jaén es agente inmobiliario, autónomo y, a partir de esta semana, un pequeño héroe del rayismo. Lleva tres viajes europeos encima siguiendo al Rayo. Bratislava, Atenas y Estrasburgo. Cada uno fue una operación de logística improvisada que empezaba antes de salir de España. Para Bratislava, el vuelo salía desde Alicante. Ida desde Alicante, vuelta con noche de hotel en Alicante. Para Estrasburgo, seis horas de escala en Frankfurt a la ida y otras seis a la vuelta. Cuando el Rayo se clasificó para la final de Leipzig, Carlos hizo un cálculo rápido. La opción más barata —un vuelo a Múnich con un día de antelación— salía a 550 euros más el tren y el alojamiento. Prefirió pagar 690, ir directo y salir el día del partido. Así nació la idea del chárter para ayudar al rayismo.
Aunque en realidad llevaba gestándose desde antes. Ya para Atenas había tanteado la posibilidad: habló con un par de empresas, sondeó precios, no salió. Cuando llegó Leipzig lo intentó en serio. El primer bróker le pidió 123.000 euros en un único pago. Encontró entonces una empresa especializada en desplazamientos deportivos que le planteó la pregunta clave: ¿tienes gente? Carlos no tenía gente todavía. Tenía un grupo de WhatsApp. "La Franja en Leipzig", 800 miembros, heredero de grupos anteriores que arrancaron en Gotemburgo. Lo volcó ahí a las siete de la tarde. A las diez de la noche el primer avión estaba vendido: 220 plazas en tres horas. El chárter no existía cuando empezó a venderlo.
Ahora trabaja en el segundo, que sale el 27 a las 7:30 y vuelve el 28 al amanecer, y lo que le mueve ya no es resolver su problema sino el de los demás. "Hay un montón de gente cediéndose abonos, cediéndose códigos por amor al arte. Yo soy quien pone la cara, pero esto es gracias a todo el mundo", revela.
Mientras tanto, el barrio busca la manera de llegar como puede, convirtiendo el mapa de Europa en un tablero de conexiones imposibles. Berlín, Múnich, Viena, Praga, Núremberg, Roma, Sofía, Mallorca o Tenerife. Hasta un vuelo de Palma a Leipzig que conecta con los turistas alemanes. Cada aficionado ha construido su propio itinerario imposible para llegar a una final que no estaba en ningún plan.
No me imaginaba que iba a poder llenar dos chárter para ir al sueño de todo un barrio
Carlos Jaen, socio del Rayo
La odisea no termina con el vuelo. La web del Rayo colapsó cuando miles de abonados intentaron gestionar sus entradas simultáneamente. A Carlos le confirmaron automáticamente la localidad de un amigo que le había cedido su código porque su hija se casa ese día. Resultado: su hermano y ese amigo van a intercambiarse los teléfonos móviles durante las treinta horas del viaje para que el DNI cuadre con el acceso al estadio. "Hasta ahí tenemos que llegar para poder ir a ver la final cuando nos hemos gastado 700 euros en un vuelo y 45 en la entrada". En Estrasburgo, Carlos pagó 150 euros por su entrada porque las más baratas ya no quedaban. Aun así fue.

La afición rayista en Estrasburgo.LaPresse
Carlos va a Leipzig con su padre y su hermano. Su abuelo tiene 88 años y llegó a Vallecas desde Andalucía con 14, al barrio de Entrevillas, donde plantó la semilla del Rayo en la familia. Le gustaría ir pero no puede. El viaje es demasiado. Carlos ya le tiene prometido el plan alternativo: si el Rayo gana, el jueves lo saca a pasear por el barrio con la copa. "Yo ya cumplí mi sueño de viajar con mi padre por Europa a ver al Rayo. No me imaginaba que iba a poder llenar dos chárter para ir al sueño de todo un barrio".
Para definir todo esto, Carlos recurre a una imagen. "El rayismo es un barco a la deriva que surca todos los mares de Europa. Es un club que va sin timón, pero ahí estamos la gente, todos los piratas, haciendo que salga a flote". El 27 de mayo, en Leipzig, ese barco llegará a puerto. Carlos no tiene dudas: "La vamos a ganar. Así va a ser".
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